¿Subirá o bajará la cometa? Nivel 74
Palabras de Práctica
Sinónimos y antónimos: palabras con significado igual u opuesto; ampliación de vocabulario.
Toda la semana llueve. Toda. La. Semana. La lluvia golpea la ventana de Sara, una niña que solo quiere salir. Cada mañana, Sara pega la nariz al vidrio. —Vamos, sol —dice bajito. ¿Y hoy? Hoy las nubes se abren y la luz entra como un río dorado. Sara sale corriendo entre los tulipanes, con los zapatos sin amarrar, y la brisa le jala el pelo. Hoy es el día. Por fin su cometa va a volar.
Toda la calle ya está afuera. ¡Cometas por todas partes! Hay una enorme con forma de monstruo verde, con dientes filosos que muerden el viento. Hay una de pez brillante que se lanza y se zambulle como un pez de verdad. —Esas están bastante bien —dice Sara. Se tapa el sol con la mano y sonríe—. Pero ninguna tiene una reina trol. Es que su cometa no es una cometa cualquiera. Su cometa tiene un arma secreta. Pero primero, Sara te cuenta cómo la hace.
Regla número uno para construir una cometa: todos los lados tienen que ser iguales. Exactamente iguales. Sara mide el lado izquierdo. Mide el lado derecho. Los mide otra vez. Y una vez más, solo para estar segura. Si un lado queda aunque sea un poquito más largo, ¿sabes qué pasa? La cometa gira sin control, cae de nariz y ¡plaf! Directo al suelo. No, gracias.
Sara empieza con bocetos. Muchos bocetos. Después junta todo lo que necesita: papel, tijeras, cinta, pegamento y más cinta, porque nunca está de más tener cinta. Recorta las formas con cuidado. Papel, no madera. Ni metal. Ni ladrillos. ¡Papel! Porque una cometa tiene que ser liviana para que el viento la lleve. Claro que sí. Nadie lanza un ladrillo al cielo esperando que flote. ¿O sí?
Después viene el hilo. Sara lo desenrolla por todo su cuarto. Luego por el pasillo. Luego por la cocina, junto a la planta grande, alrededor de los platos y casi hasta la puerta. —¡Este hilo no se acaba nunca! —grita, y salta por encima de una silla. Mientras más largo el hilo, más alto puede subir la cometa. ¿Y su cometa? Su cometa va a subir más alto que cualquier cosa.
Ahora viene la mejor parte. El arma secreta. Sara sube a la azotea, levanta bien alto su cometa y deja que el viento se la lleve. Al frente hay un dibujo hecho con crayón: una reina trol. Ojos grandes. Sonrisa más grande todavía. Y una corona dorada en la cabeza. —Tu trabajo —le dice Sara— es volar más alto que todas las cometas de esta calle. ¿Puedes hacerlo? La reina trol solo sonríe. Se ve lista. Se ve valiente.
La cometa baja. Ay, no. Se tambalea a la izquierda. Se tambalea a la derecha. Baja tanto que Sara casi puede tocarla. —¡No, no, no, no, no! Entonces una ráfaga enorme de viento se mete bajo las alas, y la cometa sale disparada hacia el cielo. Más allá de los tejados. Más allá de la cometa monstruo. Más allá de la cometa pez. ¡Más allá de todas las cometas de la calle! Sara salta y salta, feliz. —¡Vamos, reina trol, vamos!
Y se va. Sube tan alto que ya es apenas un pequeño rombo amarillo contra el atardecer, con su corona y su sonrisa y sus cintas rosadas bailando en el viento. La reina de todo el cielo. Oye. ¿Tú también quieres hacer una cometa? Junta un poco de papel, un par de palitos y un hilo muy, muy, muy largo. Dibuja algo al frente. Algo valiente. Después mándala a volar y mira qué pasa.