¡De arriba abajo! Nivel 74
Palabras de Práctica
Sinónimos y antónimos: palabras con significado igual u opuesto; ampliación de vocabulario.
Una carta llega a la Torre Arcoíris justo cuando el sol se pone dorado. La Reina Arcoíris la lee en voz alta. —¡La Princesa del Viento viene de visita! ¡Llega al amanecer! Detrás de ella, Catalina casi se tropieza con sus propios zapatos. —¿Al amanecer? ¡Eso es mañana!
Todas las hadas de la torre se ponen a trabajar. Toman baldes, trapos y trapeadores. Suben las escaleras a toda velocidad. Bajan a toda velocidad. Entran corriendo a cuartos que nadie recuerda. —¡Todo tiene que brillar! —grita Catalina, corriendo por el pasillo con los brazos llenos de escobas—. ¡Desde las alcobas hasta la puerta de entrada! Pero falta una escoba. La grande. La mágica. Se llama Kika, y tiene muy mal genio.
Kika está sentada en un rincón, mirando con cara de furia. —Vamos —dice Catalina, y estira la mano hacia el mango—. Tenemos trabajo que hacer. Kika gruñe. Gruñe de verdad. Se aparta de un tirón tan fuerte que Catalina da un paso en falso y no agarra más que aire. —Está bien —dice Catalina, y estira la mano otra vez—. Solo voy a… Kika se escapa hacia la izquierda. Catalina salta hacia la derecha. Kika no está de humor.
Entonces Kika sale disparada hacia arriba y vuela por el pasillo como un cohete. ¡Y Catalina va agarrada de las cerdas! —¡Alto, escoba, alto! —grita, con los pies en el aire junto a estantes llenos de jarrones de vidrio y platos pintados. Sus zapatos golpean una copa dorada. Catalina se tambalea. Gira. Pero no se cae. Y Kika no para.
Kika atraviesa una ventana y sale al cielo abierto. Catalina se suelta, vuela por el aire y cae justo encima de ella. Rodea el mango con los brazos y aprieta con todas sus fuerzas. —¡Dije que pares! Kika salta y se retuerce, pero Catalina aguanta. La baja poco a poco, hasta que aterrizan de golpe en la cima de una colina. Abajo, un montón de haditas las mira con la boca bien abierta.
Catalina se sienta, respira hondo y por fin mira bien a Kika. —Ay, no. Sus hermosas cerdas de arcoíris están enredadas y grises. La suciedad se ha metido en cada hebra. Hay telarañas por todas partes, y una arañita cuelga del mango, muy cómoda. Catalina siente algo feo en el estómago. Ahora se acuerda. La última vez que usó a Kika, la tiró en un rincón oscuro sin limpiarla. —Con razón estás enojada —susurra Catalina—. Yo también lo estaría.
Catalina lleva a Kika adentro y la mete con cuidado en la bañera. —Quédate quieta —dice—. Puede que te haga cosquillas. Frota el mango con agua tibia y jabón. Frota las cerdas una por una. Burbujas rosadas flotan hasta el techo y revientan en la nariz de Catalina. Kika tiembla un poquito. Después suspira. Y luego, muy bajito, deja de gruñir.
Después, Catalina toma un peine grande. ¡Sret, sret, sret! Lo pasa por las cerdas, despacio y con cuidado. Uno por uno, los colores vuelven. Naranja. Amarillo. Verde. Azul. Cada franja más brillante que la anterior. Kika se mira las cerdas. Abre los ojos como platos. Y entonces sonríe. Una sonrisa de verdad. De esas que empiezan pequeñitas y se apoderan de toda la cara.
Kika sale disparada hacia el aire, y esta vez Catalina está lista. Se agarra fuerte, y juntas suben hasta el gran arcoíris que cruza el cielo. El polvo cubre sus franjas de colores como una manta gris. —¡Hagámoslo brillar! —grita Catalina. Barren la franja roja. Barren la naranja, la amarilla, la verde, la azul y la morada. Kika baila sobre cada una, cantando alegre, lanzando el polvo hacia las nubes.
Catalina se seca el sudor de la frente y mira hacia abajo. Todo el reino brilla. Entonces se oye un grito de alegría desde la ladera. Un remolino de viento baja desde las nubes, y allí está ella. La Princesa del Viento desciende hacia la tierra, con el cabello azul ondeando detrás como una bandera. —¡Ya llegó! —grita Catalina—. ¡De verdad ya llegó!
La Reina Arcoíris está de pie en lo más alto de su torre, con los brazos bien abiertos, mientras el gran arcoíris arde de color allá arriba. —¡Bienvenida, vieja amiga! —dice. La Princesa del Viento mira el arcoíris y se lleva una mano al corazón. —Nunca lo he visto tan hermoso. Catalina también mira hacia arriba, y una sonrisa enorme se le dibuja en la cara.
La Princesa del Viento se vuelve hacia las hadas. —Han hecho algo verdaderamente maravilloso —dice, mirando el arcoíris una última vez. Catalina sonríe de oreja a oreja. Luego mira a Kika, todavía brillante y alegre en sus manos. Busca un paño suave y la limpia, cerda por cerda, hasta que cada franja reluce. —Listo —dice, y la acomoda en su lugar en el estante—. Escoba limpia, escoba feliz. Desde el estante, Kika le guiña un ojo.