Ansiedad y dificultades de aprendizaje: qué ayuda de verdad
28 Oct 2026

Cómo ayudar a tu hijo con ansiedad y dificultades de aprendizaje

Adrian DeWitts
Escrito por Adrian DeWitts

Algunos niños empiezan a preocuparse mucho antes de que salga el libro de lectura. Los domingos en la noche se ponen tensos. Los dictados traen dolor de estómago. La ansiedad y las dificultades de aprendizaje suelen llegar juntas, y el niño que lee despacio muchas veces es el que teme en silencio que le pidan leer.

Como papá o mamá, te toca una pregunta práctica. ¿La ayuda debe ir a la dificultad de aprendizaje, a la ansiedad o a las dos? ¿Y qué tipo de ayuda para la ansiedad funciona de verdad?

Esperaba una respuesta clara de una nueva revisión sistemática justo sobre esta pregunta. Lo que encontré fue más honesto, y más útil.

Intervenciones para la ansiedad en estudiantes: qué encontró la revisión

Eleni Chatzoglou, Sarah Fishstrom, Kimberly McFadden y Sharon Vaughn (2026) publicaron su revisión en Learning Disabilities Research & Practice. Una revisión sistemática es un estudio que reúne todos los estudios que cumplen ciertos requisitos sobre una pregunta, con un método de búsqueda fijo y publicado, para que nadie escoja solo lo que le conviene.

La relación entre los trastornos de aprendizaje y la ansiedad no está en duda. Nelson y Harwood (2011) combinaron 58 estudios y encontraron que el alumno promedio con un trastorno de aprendizaje reportaba más ansiedad que unos 7 de cada 10 compañeros sin él. Ya escribimos sobre cómo van juntas la ansiedad y la lectura. Este artículo trata de lo que ayuda.

El equipo buscó todos los estudios controlados sobre ayuda para la ansiedad en alumnos con dificultades de aprendizaje, desde preescolar hasta el último año de secundaria, publicados entre 1991 y 2023. Revisaron 3007 registros. Solo ocho estudios cumplieron los requisitos, con 324 alumnos en total.

Ocho. Para un problema tan común.

Cuatro de los ocho redujeron la ansiedad de forma significativa:

  • Ejercicios diarios de respiración, concentración y movimiento guiados por maestros, 30 minutos al día durante 12 semanas (Glanz, 1994)
  • Terapia de juego, uno a uno con un investigador (Goudarzi et al., 2021)
  • Entrenamiento en asertividad, es decir, practicar cómo hablar con firmeza y decir que no con calma (Mohagheghi et al., 2022)
  • Terapia dialéctica conductual, un programa de habilidades para manejar emociones fuertes, usado aquí para la ansiedad ante los exámenes (Uwakwe y Akanbi, 2017)

Los otros cuatro no mostraron un cambio claro: una grabación de relajación sin un maestro que guiara (Dolton, 2015), un programa de atención plena o mindfulness (Malboeuf-Hurtubise et al., 2019), artes marciales combinadas con atención plena, con resultados mixtos (Haydicky et al., 2012), y cuatro lecciones cortas de diálogo interno positivo, de 20 minutos, para alumnos de secundaria (Weintraub, 1996).

Casi nadie miró las tareas escolares. Solo tres estudios las midieron, y solo uno encontró una mejora, según lo que reportaron los papás y no según exámenes (Goudarzi et al., 2021).

Ocho estudios en dos grupos: cuatro que ayudaron con la ansiedad (respiración y movimiento diarios, terapia de juego, entrenamiento para expresarse, terapia de habilidades emocionales) y cuatro sin cambio claro, sobre una franja que dice que las tareas escolares se revisaron en 3 estudios y mejoraron en 1

Los autores son muy claros sobre los límites. La mayoría de los estudios eran pequeños, de entre 22 y 85 alumnos. En los estudios que lo reportaron, en promedio el 83% de los participantes eran niños varones. Siete de los ocho eran cuasiexperimentales, es decir, los niños no se asignaron a los grupos al azar. Los seguimientos duraron tres meses como máximo.

Qué significa esto para tu hijo

Cuando reviso un grupo de estudios tan pequeño, busco patrones en lugar de un ganador, y los tomo con cautela.

Un guía parece necesario, pero no basta. El único programa que les dio a los niños una grabación y los dejó solos no ayudó. Pero tres de los cuatro que no funcionaron sí tenían un instructor en vivo, así que una persona en el salón no es garantía.

La práctica parece importante. Glanz (1994) hizo sesiones todos los días de clase durante 12 semanas, uno de los programas más intensivos de la revisión, y funcionó.

Los niños tienen que estar de verdad ansiosos desde el principio. Solo dos estudios lo comprobaron antes de empezar, y los dos encontraron resultados significativos. Un niño tranquilo tiene poco margen para mejorar.

Los autores agregan un giro que me tranquiliza. Tres programas que no mostraron cambio les enseñaron a los niños a reconocer y nombrar lo que sienten. Un niño que aprende a notar la preocupación puede reportar más al principio, y eso puede esconder un avance real en un cuestionario.

Una lista numerada de qué buscar en la ayuda para la ansiedad: una persona guía la habilidad, practicar casi todos los días, pensada para niños que de verdad están ansiosos, y al principio puede hablar más de sus preocupaciones

Ayuda con la lectura y ayuda con la ansiedad, juntas

Esta revisión dejó fuera, a propósito, los programas que combinan ayuda escolar con ayuda para la ansiedad. Algunos de los más sólidos vienen del mismo grupo de investigación.

Vaughn y sus colegas (2022) repartieron al azar a 128 lectores con dificultades de 3.º y 4.º grado en tres grupos. Dos grupos recibieron las mismas clases de lectura en grupos pequeños, unos 30 minutos, de cuatro a cinco días por semana, durante dos años escolares. En uno, unos cinco minutos de cada clase enseñaban habilidades para la ansiedad del programa Strong Students Toolbox. En el otro, esos minutos se usaron para practicar operaciones de matemáticas. El tercer grupo siguió con el apoyo habitual de la escuela.

En una prueba de comprensión creada por los investigadores, con textos que los niños no habían practicado, el grupo con habilidades para la ansiedad superó al apoyo habitual con un tamaño del efecto de 1.22, es decir, una diferencia grande en el avance. El grupo de matemáticas obtuvo 0.77 frente al apoyo habitual, así que los minutos dedicados a la ansiedad rindieron por lo menos igual. En los exámenes estandarizados de lectura, los grupos no fueron distintos. Después, Grills y sus colegas (2024) publicaron los resultados de ansiedad de ese mismo estudio: prometedores, pero no siempre estadísticamente significativos, es decir, no siempre claramente distintos del azar. Entre los niños que empezaron con mucha ansiedad, la ansiedad social había bajado al final del segundo año en comparación con los otros dos grupos.

En Australia, un equipo de la Universidad Macquarie, del que formó parte Genevieve McArthur, quien apoya los esfuerzos de Bookbot para llevar la investigación a la práctica, probó una combinación parecida. Francis y sus colegas (2021) les dieron a siete niños 12 semanas del programa para la ansiedad Cool Kids junto con clases de lectura. Su precisión al leer y su ortografía mejoraron, y su ansiedad bajó. Siete niños son muy pocos para probar algo, pero apuntan en la misma dirección.

Una clase de lectura de 30 minutos representada como una barra, con una sección de cinco minutos para el manejo de la ansiedad dentro de ella

Estrategias prácticas

  • Sigue con la ayuda escolar. Chatzoglou y sus colegas (2026) insisten en que los programas para la ansiedad no reemplazan la intervención académica. Con la dislexia, el apoyo para la ansiedad va junto a una enseñanza de la lectura estructurada.
  • Elige un apoyo que guíe una persona. El único programa basado solo en una grabación no redujo la ansiedad (Dolton, 2015). Pregunta quién va a guiar a tu hijo y con qué frecuencia.
  • Busca poco y seguido. El programa más intensivo de la revisión se hacía todos los días de clase (Glanz, 1994). El estudio combinado usó unos cinco minutos, de cuatro a cinco días por semana (Vaughn et al., 2022).
  • Pregunta por programas basados en la TCC. La terapia cognitivo-conductual, o TCC, enseña a los niños a notar los pensamientos de preocupación, ponerlos a prueba y enfrentar las tareas difíciles en pasos pequeños. Los autores de la revisión quieren que programas como Cool Kids se adapten para niños a quienes les cuesta leer, así que pregunta si los materiales dependen de la lectura.
  • Ajusta la herramienta a la preocupación. Los autores sugieren relajación cuando el corazón se acelera y los músculos se tensan, y estrategias de pensamiento para los niños que sobre todo se preocupan.
  • Busca más de una opinión. A los estudiantes, sobre todo a los pequeños, les cuesta medir su propia ansiedad. Lo que tú observas y lo que ve el maestro también cuenta.
  • Espera altibajos. Si de pronto tu hijo habla más de sus preocupaciones, puede ser señal de que la habilidad está funcionando.

Poca evidencia no es una mala noticia

Sería fácil leer “ocho estudios, la mitad funcionó” como una razón para rendirse con el apoyo para la ansiedad. Los autores dicen lo contrario: la investigación es demasiado escasa para demostrar que estos programas fallan. Los programas con buenos resultados en salones de clase en general casi no se han probado con estos niños.

Bookbot está hecho para la parte de la lectura. Tu hijo practica leer en voz alta con una app que escucha, así que los primeros tropiezos pasan sin compañeros mirando.

Si tu hijo está ansioso y además le cuesta aprender, no tienes que elegir. Mantén la ayuda con la lectura, agrega unos minutos de habilidades contra la preocupación, guiadas por alguien, casi todos los días, y dale un trimestre completo antes de juzgar.


Referencias

Chatzoglou, E., Fishstrom, S., McFadden, K., & Vaughn, S. (2026). Systematic review of anxiety interventions for students with learning difficulties: Current evidence and research gaps. Learning Disabilities Research & Practice. https://doi.org/10.1177/09388982261496951

Dolton, M. G. (2015). Teaching relaxation techniques to improve achievement and alleviate the anxiety of students with learning disabilities in an independent school [Doctoral dissertation, Nova Southeastern University]. https://nsuworks.nova.edu/fse_etd/15/

Francis, D., Hudson, J. L., Kohnen, S., Mobach, L., & McArthur, G. M. (2021). The effect of an integrated reading and anxiety intervention for poor readers with anxiety. PeerJ, 9, e10987. https://doi.org/10.7717/peerj.10987

Glanz, J. (1994). Effects of stress reduction strategies on reducing test-anxiety among learning-disabled students. Journal of Instructional Psychology, 21(4), 313.

Goudarzi, A., Mousavi, S., & Sadeghi, F. (2021). The effectiveness of play therapy on anxiety and specific learning disorders of elementary-school students in Isfahan, Iran. International Journal of Pediatrics, 9(11), 14877-14887. https://doi.org/10.22038/IJP.2021.57069.4473

Grills, A. E., Vaughn, S., Bowman, C., Capin, P., Fall, A.-M., Roberts, G., & Barnes, E. D. (2024). Efficacy of a cognitive-behavioral anxiety management program integrated within a reading intervention. International Journal of Cognitive Therapy, 17(3), 549-577. https://doi.org/10.1007/s41811-024-00211-6

Haydicky, J., Wiener, J., Badali, P., Milligan, K., & Ducharme, J. M. (2012). Evaluation of a mindfulness-based intervention for adolescents with learning disabilities and co-occurring ADHD and anxiety. Mindfulness, 3(2), 151-164. https://doi.org/10.1007/s12671-012-0089-2

Malboeuf-Hurtubise, C., Taylor, G., & Mageau, G. A. (2019). Impact of a mindfulness-based intervention on basic psychological need satisfaction and internalized symptoms in elementary school students with severe learning disabilities: Results from a randomized cluster trial. Frontiers in Psychology, 10, 2715. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.02715

Mohagheghi, M., Pourmohamadreza-Tajrishi, M., Shahshahanipour, S., Movallali, G., & Vahedi, M. (2022). The effectiveness of assertiveness training on anxiety symptoms in children with special learning disabilities of school age. Archives of Rehabilitation, 22(4), 408-429. https://doi.org/10.32598/RJ.22.4.487.15

Nelson, J. M., & Harwood, H. (2011). Learning disabilities and anxiety: A meta-analysis. Journal of Learning Disabilities, 44(1), 3-17. https://doi.org/10.1177/0022219409359939

Uwakwe, C. B., & Akanbi, S. T. (2017). Effectiveness of dialectical behaviour therapy in reduction of test anxiety among students with learning disabilities in Oyo State, Nigeria. IFE PsychologIA, 25(2), 165-179. https://www.proquest.com/openview/5cc24451f9a63d37a42a1b152f8358f8/1

Vaughn, S., Grills, A. E., Capin, P., Roberts, G., Fall, A.-M., & Daniel, J. (2022). Examining the effects of integrating anxiety management instruction within a reading intervention for upper elementary students with reading difficulties. Journal of Learning Disabilities, 55(5), 408-426. https://doi.org/10.1177/00222194211053225

Weintraub, A. J. B. (1996). Learning to spell by high school students with learning disabilities: Performance anxiety, self-efficacy and learning strategies [Doctoral dissertation, City University of New York]. ProQuest Dissertations and Theses Global.

Preguntas frecuentes

¿Hay relación entre la ansiedad y los trastornos de aprendizaje?

Sí. Nelson y Harwood (2011) combinaron 58 estudios y encontraron que los alumnos con trastornos de aprendizaje reportan más ansiedad que sus compañeros, una diferencia de tamaño medio. La relación parece ir en las dos direcciones: luchar una y otra vez en la escuela alimenta la preocupación, y la preocupación gasta la atención y la memoria de trabajo que el aprendizaje necesita. Lo explicamos más a fondo en dificultades de lectura y salud mental.

¿La ansiedad puede causar un trastorno de aprendizaje?

No por sí sola. Un trastorno de aprendizaje como la dislexia es una dificultad persistente con una habilidad como leer, escribir o hacer cuentas, que sigue ahí incluso con buena enseñanza. Aun así, la ansiedad puede hacer que tu hijo rinda menos de lo que puede, porque los pensamientos de preocupación ocupan la concentración que la tarea necesita, y eso puede hacer que una dificultad parezca más grande en un examen. Si no sabes cuál de las dos pesa más, vale la pena pedir una evaluación completa que revise ambas.

¿Qué es el trastorno específico del aprendizaje en el DSM-5?

Es el diagnóstico que usa el DSM-5, el principal manual de diagnóstico psiquiátrico, para una dificultad persistente al aprender a leer, escribir o hacer cuentas. La dificultad tiene que durar al menos seis meses a pesar de recibir ayuda específica, estar muy por debajo de lo esperado para la edad del niño y no explicarse mejor por otra causa, como un problema de vista o de audición. Dislexia es el nombre común de la forma que afecta la lectura, y la explicamos en qué es la dislexia.

¿Qué es la terapia de apoyo para los trastornos de aprendizaje?

Hoy la mayoría de las escuelas la llama intervención: enseñar de forma explícita y paso a paso la habilidad exacta que le falta al niño, casi siempre en grupos pequeños y casi todos los días. En un estudio, Vaughn y sus colegas (2022) dieron a lectores con dificultades de 3.º y 4.º grado unos 30 minutos en grupos de dos a cinco, de cuatro a cinco días por semana, durante dos años escolares. Nuestra guía de intervenciones para la dislexia explica cómo es una buena intervención.

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