¡Una caña para Tomi! Nivel 57
Palabras de Práctica
Palabras agudas: acento en la última sílaba; llevan tilde cuando terminan en n, s o vocal.
Ana tomó su caña nueva y sonrió: tres palos, dos cuerdas, ¡una caña perfecta! —¡Ven acá, Tomi! ¡El último al agua es un pez podrido!
Tomi miró la caña de Ana y después sus manos vacías. —Yo también quiero una caña —dijo. —¡Pues haz una! —dijo Ana—. Hay palos y cuerda por todos lados, pero no te espero mucho.
Tomi corrió a la playa por palos y cuerda. Quería armar su caña antes que Ana pescara un pez. Pero el montón estaba casi vacío: solo piedras y mineral. ¡Ni un palo! —¿A dónde se fue todo? —dijo Tomi.
Tomi miró el agua. Allá lejos había una isla con árboles, y allí sí había palos. Pero quedaba muy lejos. ¡No iba a nadar todo el día por un palo!
Después probó en el campo del pueblo, donde siempre había palos y cuerda. Pero el suelo estaba pelado. Alguien se había llevado todo, ¡alguien con una caña nueva!
Entonces Tomi vio un cajón de piedra en la ladera y se asomó sin esperar mucho. Y allí, colgada en la pared, ¡había una caña! —¡SÍ! —gritó Tomi, y dio un salto al aire.
Tomi levantó la caña a la luz: la cuerda deshilachada, el palo rajado. Un tirón de pez y todo se rompería. —Mejor que nada —suspiró. La metió bajo el brazo y siguió buscando: aquí tenía que haber más palos.
Buscó en los campos, en la hierba alta, hasta en las flores; pero nada de nada. Las nubes llegaron y a Tomi le rugió el estómago: la caña vieja era ya su única opción.
Entonces vio algo en un hoyo. ¡Otra caña! Tomi saltó a tomarla, pero estaba peor que la primera: rajada por la mitad y apenas se sostenía. —¡Ay, no! —gimió Tomi—. Dos cañas, y ninguna sirve.
El sol se iba y Tomi regresó a casa con una caña rota en cada mano. Dos cañas podridas, cero peces, un día larguísimo: ¡Ana se iba a reír mucho!
Pero cuando Ana vio las cañas, no se rió: abrió los ojos como platos. —¡Tomi! ¡Dámelas! —se las arrebató y corrió a su mesa. Sus dedos volaban: —Este trozo sirve, ¡y este también! ¡Va a funcionar!
Ana giró con una caña nueva, hecha de las mejores piezas de las dos viejas, y se la lanzó a Tomi. —Toma. Ahora estamos a mano. —¿A mano? Llevo todo el día entrenando —sonrió Tomi—. No tienes oportunidad. Ana fue a la puerta con su caña: —¡El pez más grande gana! Listos… ¡YA!