¿Una caña para Esteban? Nivel 57
Palabras de Práctica
Palabras agudas: acento en la última sílaba; llevan tilde cuando terminan en n, s o vocal.
Alejandra levanta su caña nueva y sonríe. Tres palos. Dos trozos de cuerda. Una caña perfecta. —¡Esteban! —grita—. ¡Vamos allá, al agua! ¡El último en llegar pierde!
Esteban mira la caña de Alejandra. Después se mira las manos. Vacías. —Espera —dice—. Yo también necesito una caña. —¡Pues hazte una! Hay palos y cuerda por todas partes —Alejandra lanza su sedal al agua—. Te espero aquí. Pero no por mucho tiempo.
Esteban corre a la playa donde guardan sus provisiones. Quiere agarrar unos palos y un poco de cuerda, armar una caña y volver antes de que Alejandra pesque un solo pez. Pero el montón está casi vacío. Unos trozos de piedra. Algo de mineral. Ni un solo palo. —¿Dónde está todo? —dice Esteban.
Esteban mira el mar. Allá, lejos, hay una isla llena de árboles. Allí sobran los palos. Pero la isla queda muy lejos. Tiene que haber algo más acá, más cerca. —No pienso nadar hasta allá por un palo —dice Esteban.
Después prueba en el campo, cerca del pueblo. Allí siempre encuentran buen material. Palos, cuerda, de todo. Pero el suelo está limpio. Pelado por completo. A Esteban le tiembla el ojo. No queda ni un solo trozo. ¿Quién tiene todo? Alguien con una caña nueva.
Entonces Esteban ve un viejo cajón de piedra en la ladera. Se asoma a mirar, sin esperar gran cosa. Y allí, colgada en la pared, ¡hay una caña de pescar! —¡Sí! —Esteban la agarra y salta de alegría. ¡Quizás hoy sí pesca algo!
Esteban levanta la caña hacia la luz. La cuerda está gastada. Además, el palo está rajado. Un buen tirón de un pez y se parte en dos. Esteban suspira. —Mejor que nada. Apenas.
Busca en los campos. Revisa la hierba alta. Hasta sacude las flores, por si acaso. Nada por aquí. Nada por allá. Llegan las nubes. A Esteban le ruge el estómago. La vieja caña ya parece su única opción.
Entonces ve algo que asoma de un hoyo en la tierra. ¡Otra caña! Esteban salta a agarrarla. Pero esta está peor que la primera. Rajada por la mitad, apenas se sostiene. —Ay, no —dice Esteban. Dos cañas, y ninguna sirve. ¡Esto es el mundo al revés!
El sol ya se oculta. Esteban regresa a casa con una caña rota en cada mano. Dos cañas podridas. Cero peces. Un día muy largo. Adiós, pesca. Alejandra se va a reír a carcajadas.
Pero cuando Alejandra ve las cañas, no se ríe. Abre mucho los ojos. —Esteban. ¡Dámelas! —toma las cañas y corre a su mesa de trabajo—. Este trozo todavía sirve. Y este también. Ay, esto va a funcionar. ¡Esto va a funcionar de maravilla!
Alejandra se da la vuelta con una caña nueva, hecha con las mejores piezas de las dos viejas. Se la entrega a Esteban. —Toma —dice—. Ahora estamos a mano. Esteban sonríe. —¿A mano? Llevo todo el día entrenando. No tienes ni una oportunidad. Alejandra también agarra su caña. —El pez más grande gana. Listo… ¡ya!