¡Un señor de nube! Nivel 53
Palabras de Práctica
Grupos consonánticos con l: bl, cl, fl, gl, pl.
Mateo mira el cielo claro. —¡Allá arriba! —dice, y apunta con el dedo—. ¡Hay un señor de nube! Su amiga Camila y su hermana Lluvia miran arriba. Es verdad: una figura blanca y esponjosa los saluda desde el cielo. —Me saluda a mí —dice Mateo—. Solo a mí.
Los tres descansan en el pasto. Mateo apoya la barbilla en las manos. Camila se sienta muy quieta. Las nubes blancas flotan y cambian de forma. Pero el señor de nube ya no está. —A lo mejor es tímido —dice Camila. Hasta los suricatos del campo se quedan quietos, mirando el cielo.
El señor de nube vuelve, y no viene solo: una señora de nube viene con él. Los dos saltan y giran por el cielo, esponjosos como dos globos. ¡Bailan una jiga! —¡Esa me la sé! —dice Lluvia, y baila la jiga con las manos arriba. El gatito salta con ella. —¡Te imitan a ti! —dice Camila. —No —dice Lluvia—. Yo los imito a ellos.
Las figuras de nube dejan de bailar. Abren la boca enorme y cantan. Claro que no baja ningún sonido. Mateo señala arriba. —¡Cantan ópera! ¡Algo como aaaah-la-la-laaa! Los pájaros ladean la cabeza, atentos al cielo.
Ahora el cielo entero se llena. ¡Tamboreros de nube! ¡Músicos de nube! ¡Una banda completa, blanca y esponjosa! Todos sonríen desde arriba. Un bum bum hondo hace temblar la tierra. —¡A bailar! —dice Camila. Mateo da saltos. Lluvia lanza patadas bien alto. Hasta los suricatos se mueven al ritmo.
El tamborero toca más fuerte. Y más fuerte. El clima cambia: el cielo se pone oscuro, luego morado. Caen gotas gordas. —Me parece que la banda está enojada —dice Camila. —Las bandas no se enojan —dice Mateo, con la voz bajita. Un rayo parte el cielo, y cae un aguacero.
—¡Corran! —dice Lluvia. Los tres corren a la casa bajo el aguacero. Camila va adelante, rápida como una flecha. Mateo mueve las manos con cara decidida. La puerta está abierta, con una luz dorada adentro. Dos perros corren con ellos. Todos entran justo cuando el cielo hace su bum más enorme.
Adentro, se quitan los zapatos mojados. ¡Plaf, plaf, plaf! Seis zapatos en un montón. Mateo gira una toalla encima de la cabeza. —¡Yo soy el señor de nube! —¡Y yo soy la señora de nube! —dice Camila con su toalla roja. Lluvia mueve su toalla azul. —¡Yo soy la banda entera! Bailan y ríen hasta que el piso blanco queda hecho una piscina.
Mamá y papá entran a la sala. —¡Hay gente de nube en el cielo! —dice Mateo, y abre la boca enorme—. ¡Cantan así! —Y suelta un canto que es casi un alarido. —Y bailan una jiga —dice Lluvia, bailando. —Y hay una banda con tambores —dice Camila—. ¡Y después llega la tormenta! Mamá ríe. —Claro, los bum suenan por toda la casa. ¡Pero nos perdemos el concierto!
—Eso se arregla ya —dice papá. Sale y vuelve con su tambor. ¡Bum, bum! Mateo golpea una olla. ¡Clan, clan! Camila toca un sartén. ¡Pum, pum! Mamá toma a Lluvia de las manos y giran por la cocina como los bailarines de nube. Por un momento son la mejor banda del planeta. Bueno, de la sala. Es lo mismo.
Por la noche, la casa queda en silencio. Lluvia se asoma por la ventana. Las nubes ahora están plateadas y quietas. Y allá arriba, el señor de nube duerme boca arriba, suave como una pluma. —Buenas noches, señor de nube —dice Lluvia bajito. Se acuesta junto a Mateo y Camila, y cierra los ojos. Allá arriba, seguro el señor de nube sueña con ellos.