¿Un pingüino o una cigüeña? Nivel 82
Palabras de Práctica
Repaso de diéresis (güe, güi): refuerzo en contexto de escritura expositiva.
Daniel tiene un talento secreto. Bueno, no tan secreto. Todo el mundo sabe que Daniel dibuja muy bien. Llena cuaderno tras cuaderno, y su mamá siempre le compra uno nuevo. Pero Daniel no solo dibuja. También juega un juego. —¡Adivina qué dibujé! —dice siempre.
Hoy Daniel toma su lápiz y sonríe de oreja a oreja. —¿Listo? Solo lo voy a dibujar una vez. Empieza con un círculo grande. Después, dos círculos más pequeños arriba.
Dos ojos enormes parpadean desde la hoja. Redondos y sorprendidos. —¿Es un pingüino? —puedes decir—. ¿O tal vez una cigüeña? Daniel niega con la cabeza, despacio.
Daniel se acerca mucho a la hoja. Su lápiz hace trazos pequeños y cuidadosos. Rellena el círculo grande hasta dejarlo bien negro. No se apura. No tiembla. Se queda justo dentro de las líneas. —Esta parte tiene que quedar perfecta —susurra—. Si no, todo el dibujo se ve chistoso.
Después, Daniel dibuja una forma que parece una caja. Una caja común, de lo más normal. ¿Una caja? ¿Con ojos? ¿Qué animal tiene una caja de cuerpo? —¡Un robot! —puedes gritar.
Cuatro patas aparecen debajo de la caja. Una, dos, tres, cuatro, cada una con su pie en la punta. —¿Está vivo? —puedes preguntar con la boca abierta. Daniel asiente, orgulloso.
Daniel mira una foto en su computadora y vuelve a su dibujo. Debajo del círculo negro, agrega una sonrisa amplia y curva. Esa sonrisa. Esa sonrisa traviesa, demasiado grande. —¡Un gato! —puedes gritar—. ¡Seguro que es un gato!
Daniel levanta su lápiz como una varita mágica. Le brillan los ojos. —Una cosa más —anuncia—. Solo una cosita chiquita. Y entonces vas a saber exactamente lo que es. Está disfrutando demasiado.
Una cola. Apunta hacia arriba como una antena. No es una cola peluda de zorro. Ni una cola enroscada de cerdo. Esta cola es de las que se menean tan fuerte que todo el cuerpo se sacude. Un momento. ¿Se menea? Solo un perro menea la cola cuando está contento…
—¡Es un perro! —grita Daniel, antes de que tú puedas decirlo. No puede esperar. Está demasiado emocionado. Y qué perro. Ojos grandes y bobos. Una nariz negra enorme. Una sonrisa que dice: me acabo de comer tu sándwich y no me arrepiento de nada.
—Ahora te toca a ti —dice Daniel, y desliza su lápiz por la mesa. Empieza con formas simples. Círculos, cajas, nada complicado. Sigue los pasos y mira lo que pasa. A lo mejor te sorprendes. ¿Y cuando termines? Levanta tu dibujo y di las palabras mágicas: —¡Adivina qué dibujé!