¿Un cerdo ahí? Nivel 52
Palabras de Práctica
H muda a profundidad: uso de la h en palabras de uso frecuente.
Algo apestoso se esconde en el parque. Zoe, una niña, olfatea el aire y sigue su nariz por el sendero, como una detective. Detrás de un arbusto verde, dos ojos la miran. Zoe susurra despacio. —Te veo ahí. Y te huelo muy bien.
De repente sale del arbusto una cerdita cubierta de barro espeso y pegajoso. —¡Un cerdo de verdad! ¡Aquí en el parque! —dice Zoe. La cerdita se llama Zaida. Mira fijo a Zoe con ojos enormes y cara de mal genio. Pero Zoe está feliz. ¡Ahora tiene una amiga!
Zoe baja la colina con las manos bien abiertas. —¡Vamos, Zaida! Zaida galopa con la lengua afuera y una sonrisa boba. Las moscas zumban alrededor mientras corren. —¡Eres lo mejor que he hallado en mi vida! —dice Zoe—. ¡Mejor que un pastel de cumpleaños!
Zoe halla un charco enorme y lo señala con el dedo. —A los cerdos les encanta el barro. ¡Salta! Zaida salta con las cuatro patas y hace ¡paf! El agua lodosa salpica el vestido nuevo de Zoe. —Genial —dice Zoe—. Se te da muy bien ser cerdo.
Zoe sube a un árbol alto y contempla las colinas. —¡Sube, Zaida! ¡Desde aquí arriba se ve el mundo entero! Zaida no sube. Se queda ahí abajo, al pie del árbol, y mira a Zoe con cara de mal genio. —Está bien —dice Zoe—. Los cerdos no suben a los árboles.
Bajo el árbol, Zoe se quita las botas y se las pone a Zaida. ¡En las cuatro patas! Zaida abre la boca y hace ¡uuuuuu!, como una sirena de barco. —¡Qué hermoso, Zaida! —dice Zoe. Levanta una mano y canta y canta. Las mariposas vuelan lejos. Es el peor dúo del mundo, y a Zoe le encanta.
El sol se pone naranja. Zoe mira a Zaida y las moscas dan vueltas. —Te vienes a mi casa ahora —dice Zoe—. Pero a mamá no le va a gustar el olor. Zoe se asoma a la puerta de la casa. Todo callado. ¡Adentro!
Caminan de puntillas por el pasillo. Zoe inhala y no exhala. Zaida tampoco. Detrás de ellas quedan huellas de barro por todo el piso. —Ni un ruido —susurra Zoe. Zaida hace un ruido pequeñito. Zoe finge no oírlo.
Zoe lleva a Zaida a la alcoba de mamá. Se pone rulos en el pelo y agarra el labial rojo. —Quieta, Zaida. Zaida no se queda quieta. Zoe le pinta la boca de todos modos. Zaida se mira en el espejo y sonríe. ¡Se ve hermosa!
—¿Qué es eso? —dice mamá desde la puerta. Zaida gotea barro sobre la alfombra. —Es mi cerdita —responde Zoe—. ¿Puedo quedarme con ella? La voy a cuidar por siempre. —Lleva a ese cerdo a la bañera —dice mamá—. ¡Ahora mismo!
—¿Entonces puedo quedarme con Zaida? —dice Zoe. —Limpia sí —responde mamá—. No quiero más mugre en mi casa. Llenan la bañera con agua tibia y jabonosa. Las dos se meten. Mientras tallan y chapotean, el barro sale capa por capa. Y algo extraño empieza a pasar.
¡Debajo del barro no hay ningún cerdo! Zaida es una perrita pug, de carita arrugada y muy sonriente. Su colita enroscada se menea entre las burbujas. —Bueno —dice Zoe—. Sigues siendo lo más apestoso que he hallado en el parque. Zaida le lame la nariz. Zoe decide que eso es un gracias. Y decide que Zaida ya tiene un hogar con ella, para siempre.