¡Tomi necesita fuego! Nivel 64
Palabras de Práctica
Repaso de acentuación: clasificación de palabras en agudas, graves y esdrújulas.
Tomi salió del mar con agua en la cara y una gran sonrisa. En la mano tenía un pescado grande. —¡Almuerzo! Fresco del mar. Soy genial. Tomi olió el pescado. Su sonrisa bajó. El pescado estaba frío, baboso y crudo.
Tomi dejó el pescado sobre el pasto y lo miró. El pescado miró a Tomi, o eso parecía. —No te voy a comer así —dijo Tomi—. Tienes que estar caliente. Necesito fuego. ¿Qué tan difícil puede ser?
No fue difícil. Tomi juntó troncos, los puso en una pila y sacó una chispa. El fuego subió con humo. —¿Ves? —dijo Tomi—. Pescador genial y también amo del fuego. Ahora, a esperar.
Tomi se acercó al pescado. El fuego sonó fuerte. El calor le pegó en la cara. —¡Uau! —dijo Tomi, tapándose los ojos—. Esto está muy caliente. Tomi dio un paso atrás. Solo un paso. Un amo del fuego no huye.
Tomi puso el pescado dentro del fuego con mucho cuidado. —Cada lado toca el fuego —dijo, como si alguien lo viera—. Así se cocina bien. Tomi sacudió sus manos.
El pescado hizo chis, chis. Se puso dorado y olía muy bien. —¡Listo! —dijo Tomi, y tomó el pescado con las dos manos. —¡Caliente! ¡Caliente, caliente! —gritó Tomi, y soltó el pescado.
A la mañana siguiente, Tomi encontró un pollo crudo. Su panza sonó. Sus dedos aún dolían por el pescado de ayer. —Bien —dijo—. Esta vez voy a tener cuidado. Fuego, pollo lento y nada de manos.
Tomi miró alrededor. Después miró otra vez. No había troncos. Ni ramas. Solo pasto, árboles grandes y un bote en medio de nada. —¡No puedo quemar un bote! —dijo Tomi—. ¿Dónde está la madera?
Tomi subió a una colina y se sentó. El sol bajaba. Su panza sonó tan fuerte que un pájaro salió de un árbol. El pollo crudo colgaba de su mano. —Solo quiero comer algo caliente —dijo—. ¿Es mucho pedir?
Entonces Tomi miró abajo. Allí, junto a sus pies, había lava naranja y brillante. Tomi abrió la boca. Sus ojos brillaron. —¡Caliente! —gritó—. ¡Muy caliente! ¡Lo más caliente! ¡Ni siquiera necesito madera!
Tomi encontró un palo largo y puso el pollo en la punta. Lo sostuvo sobre la lava, quieto y firme. El calor subía. —¿Ves? Con cuidado. Con calma. Aprendí —dijo Tomi—. Sé exactamente lo que hago.
Entonces Tomi tiró todo el pollo directo a la lava. Se oyó chis. Salió humo. Y nada. La lava se comió el pollo. No quedó nada. Tomi miró sus manos vacías. El palo ardía.