¿Se moverá Elefante? Nivel 57
Palabras de Práctica
Palabras agudas: acento en la última sílaba; llevan tilde cuando terminan en n, s o vocal.
Elefante se sienta en el carrito rojo y no se quiere mover de allí. —¡Empuja más fuerte! —dice, y lanza corazones con la trompa. Zoe empuja con las dos manos. Nada. Elefante no se mueve ni un poquito. Quizás este día va a ser muy, muy largo.
Zoe necesita un descanso. Aquí, en el patio del vecino, la gallina roja escarba la tierra. —¡Mira! —dice el vecino—. ¡Dos huevos en el corral! Zoe levanta dos dedos y sonríe. —Un elefante, dos huevos... ¡Así se cuenta! ¡Estoy contando cosas!
Adentro, el ventilador gira sus tres aspas. Zoe toma la varita de burbujas y sopla fuerte. ¡Fuuu! Las burbujas vuelan por todo el cuarto. Los papeles vuelan también. —¡Tres aspas y un millón de burbujas! —dice Zoe—. ¿Y el seis? ¿Cómo se ve el seis?
Zoe salta al auto naranja. Cuatro ruedas, una cara al frente y molinillos en el techo. —¡No eres un caballo! —dice Zoe, y ríe—. ¡Los autos no relinchan! El auto corre veloz y la nieve queda atrás. Cuatro ruedas y cero ganas de frenar.
Un globo rojo en forma de estrella. Cinco puntas perfectas. La canasta sube y sube con Zoe adentro. Más allá de los techos. Más allá del viento. Hasta la luna grande y brillante. —Cinco —dice Zoe bajito, y estira una mano. Desde allá arriba, el mundo entero se ve pequeño.
Un elefante en su carrito. Dos huevos. Tres aspas. Cuatro ruedas veloces. Cinco puntas de estrella. ¡Es la mitad del camino! Pero el cinco es solo la mitad de diez. ¿Y después? Ay, después las cosas se ponen de locos.
¡Una hormiga gigante! Seis patas gruesas pisan fuerte el suelo de rocas. Zoe trepa y se sujeta bien. La hormiga avanza como dueña del mundo entero. —¡Seis patas! ¡Es el mejor paseo de mi vida! —La hormiga no dice nada. Las hormigas no hablan jamás.
—¡Hoy es mi cumpleaños! —dice Zoe—. ¡El día siete! ¡El mejor día del año! Su amigo ya está allí, con un globo rojo y un globo verde. Los dos miran el gran calendario de la pared. —Mi cumpleaños es ocho días después —dice su amigo—. Ocho días enteros. ¡Eso es una eternidad!
La telaraña es de hilos gruesos como sogas. Y allí arriba está la araña más grande del mundo, con ocho patas enormes. Zoe abre los brazos. —¡Eres increíble! La araña mueve una pata. Después otra. ¡Después las ocho juntas! ¿Está bailando?
Un faisán está parado en el muro, como un rey en su trono. —¡Mira esas plumas! —dice Zoe. Rojo, dorado, verde, azul, cobre, crema, negro, blanco y un brillo más. ¡Nueve colores! Se necesitan nueve lápices, y además falta el destello.
Zoe levanta una mano. Cinco dedos bien abiertos. Después levanta la otra. Cinco más. —Seis, siete, ocho, nueve... ¡diez! —Las dos manos en alto. El número más grande de todos está aquí, al final de sus brazos. ¡Y está aquí desde el principio!
Seis patas. Siete en el calendario. Ocho patas más. Nueve colores. ¡Diez dedos! Todos los números, del uno al diez. ¡Qué paseo! ¡Qué día! Pero allá, al principio de todo, Elefante sigue sentado en su carrito. Zoe sonríe. —Muy bien. Volvamos al uno. Y esta vez... ¡empuja más fuerte!