¡Rosa no pasa! Nivel 50
Palabras de Práctica
Repaso de /s/ — s, c (ce/ci), z: consolidación de las tres grafías para el sonido /s/.
El verano se acaba y el rebaño vuelve a casa. Rosa avanza feliz colina abajo. Pero Rosa mira la puerta nueva del corral. Es muy angosta. Y Rosa es muy grande.
—¡Pasa, Rosa! —dicen las ovejas, y empujan sin cesar. Rosa queda atascada en la puerta. No avanza y no sale. —¡No me empujen más! —dice Rosa.
Una oveja yogui hace una pose en el pasto: cabeza abajo y patas al cielo. —Yo sé qué necesitas —dice—. ¡Yoga! Me estiro a diario y casi vuelo al pasar la puerta. Rosa mira la escena y duda.
—Arrodíllate en el tapete —dice la oveja yogui—. Estira las patas. Respira suave. Rosa se arrodilla y se estira. Pero su nariz solo hace un silbido. —Lindo —dice la oveja yogui—. Más o menos.
Hace mucho calor. Rosa se dobla y se estira bajo el sol, día tras día. Apunta con las pezuñas. Toca el cielo azul con las patas. Rosa sigue y sigue, sin cesar.
Una semana de yoga y a Rosa le duelen las rodillas. Va a la puerta, mete la panza y no avanza nada. Rosa es del mismo tamaño y la puerta es igual de angosta. Rosa suelta un suspiro largo.
—¡El yoga no ayuda! —dice una oveja delgada que corre y corre—. ¡Necesitas correr como yo! Rosa se sienta en el suelo y mira a la oveja delgada. Mira la puerta. Se mira el cuerpo grande y lanudo, y suelta un suspiro.
Pero Rosa corre a diario. Sube la loma, corre por toda la zona y baja otra vez. El calor la golpea y las rodillas le tiemblan. La misma puerta. La misma Rosa. El mismo lío. Rosa se deja caer en el pasto. —Los consejos no son muy buenos.
Rosa va al estanque azul a beber agua. Una oveja nada de espaldas con aletas rojas. —¡Nada a diario y vas a ser más pequeña! —dice la oveja. —¿Segura? —dice Rosa.
Rosa no lo piensa más: ¡pasa a la acción! Baja la cabeza y se lanza al agua. ¡Plaf! El salto manda a una rana por el aire hasta el otro campo. Rosa va a nadar con toda su fuerza.
Rosa nada toda la semana. Al atardecer, un loro se le apoya en la rodilla. El agua la alivia y el aire es suave. Es lindo, muy lindo. Pero Rosa sabe la verdad: sigue del mismo tamaño. Planes y planes, y cero resultados.
Rosa sale del estanque azul y mira la puerta en la colina. Mira y mira. —¡Oh! —dice Rosa—. No necesito ser más pequeña. ¡Necesito pensar más grande! Una sonrisa lenta y segura le llena la cara.
Rosa llena su bolsa roja: un serrucho, un martillo, una tijera, una cuerda y un montón de puntillas. Avanza colina arriba con paso firme. Tiene madera que cortar y una puerta pequeña que ensanchar.
Esa noche, Rosa descansa sobre un montón suave de heno. Sus amigas roncan cerca. Le duelen las rodillas y tiene aserrín en la lana. Pero está en casa. Rosa cierra los ojos y sonríe.
—¡Rosa, ya estás en el corral! —dicen las ovejas en la mañana—. ¿Cómo? ¡El yoga no ayuda! ¡Correr no ayuda! ¡Nadar no ayuda! ¿Cuál es tu secreto? Se empujan para ver mejor. Rosa solo se queda sentada, serena, con heno en la oreja.
—Estoy sana y me siento muy bien —dice Rosa—. El yoga es lindo. Correr es duro. Nadar es divertido. Pero sigo grande. —Así que ya no intento ser pequeña. ¡Paso a la acción! Tomo el serrucho y hago una puerta a mi tamaño. Las ovejas miran. Ahí está: una puerta nueva, ancha y firme. Buena para toda oveja. Para Rosa también. ¡SOBRE TODO para Rosa!