¡Ramas ocupadas! Nivel 66
Palabras de Práctica
Sustantivos — número (singular/plural): formación del plural con +s tras vocal y +es tras consonante.
Perezoso está cansado. Pero no cansado normal. Sus brazos parecen fideos, sus piernas parecen gelatina y sus ojos parecen dos bolas que quieren salir rodando de la cabeza. —Necesito una siesta —bosteza Perezoso—. No una siesta cualquiera. La siesta más grande y más larga que esta selva ha visto. A veces solo hace falta una cosa: el lugar perfecto.
Perezoso divisa un árbol alto, lleno de ramas. —Ese es —susurra—. Lo siento en las garras. Se agarra del tronco y empieza a trepar. Despacio. Muy, muy despacio. Así hacen todo los perezosos. Pero tiene los ojos llenos de sueño y el corazón lleno de sueños. De todos los árboles de la selva, este parece el mejor.
A mitad del árbol, Perezoso encuentra una rama con una curva preciosa. Parece una hamaca de madera. Se cuelga de cabeza, se engancha con las cuatro patas y suelta un largo suspiro feliz. —Es aquí. Este es el lugar. Nada puede salir mal. Cierra los ojos. Uy. No debe decir eso.
¡Ay! Algo grande y húmedo muerde la espalda de Perezoso. Mira hacia arriba. ¡Una jirafa lo está masticando! —¡Con permiso! —chilla Perezoso—. ¡Yo no soy una ensalada! Pero el musgo verde de su pelaje parece un montón de hojas ricas. La jirafa le da un mordisco más, solo para probar.
Perezoso encuentra una rama nueva, más arriba, lejos de la lengua de la jirafa. Abraza el tronco con fuerza y sonríe. Pasan unas mariposas. Una brisa tibia le hace cosquillas en la nariz. —Ahora sí, este es el lugar —dice—. Sin jirafas. Sin ensaladas. Solo paz, calma y la mejor siesta del mundo. Nada puede salir mal. Cierra los ojos. En serio, tiene que dejar de decir eso.
Bzzzzzz. Una colmena. Una colmena enorme, llena de zumbidos, cuelga de la misma rama. Una abeja se posa en la nariz de Perezoso. Otra en la oreja. Tres más en la panza. ¿Lo confunden con un montón de flores? —Mejor me voy —susurra Perezoso, y suelta una pata a la vez, con mucho cuidado—. Linda colmena. Muy linda. Por favor no me piquen.
Más arriba, Perezoso abraza el tronco y mira hacia arriba. Algo cuelga de la rama de encima. Algo largo y delgado. —¿Eso es una cola? —Perezoso mira bien. Sí, es una cola. —¿Hola? —pregunta—. ¿Hay alguien pegado a esa cola? ¿Una cola amistosa? ¿Una cola con sueño? ¿Una cola que no come perezosos?
¡Ssssss! Una serpiente baja de la rama y le pone la cara justo enfrente. Muestra los colmillos. Mueve la lengua. —¡Ocupado! —sisea la serpiente—. ¡Esta rama está ocupada! ¡Es mi rama! ¡La selva está llena de árboles! ¡Busca tu propio lugar! —¡Está bien, está bien, está bien! —dice Perezoso, y trepa hacia arriba tan rápido que él mismo se sorprende. Rápido para un perezoso, claro.
Perezoso casi no puede mantener los ojos abiertos. Le duelen las patas. Le duele todo el cuerpo. Arriba, un pájaro está posado en una rama. Pero la rama justo debajo está vacía. Pelada. Hermosa. —Por favor —susurra—. Que este sea el lugar. Esta vez no digo nada. No digo que nada puede salir mal. Solo quiero dormir.
—¡Ja-já! ¡Ja-já! ¡Ja-já! —El pájaro echa la cabeza hacia atrás y le grita al cielo. Sus graznidos no son canciones. Son puro ruido. —¿Es en serio? —pregunta Perezoso, colgado de cabeza—. ¿Haces esto todo el día? —¡Ja-já! —Lo tomo como un sí —suspira Perezoso.
Solo queda un lugar: la punta del árbol. Perezoso trepa el último tramo con pura fuerza y puro sueño. Envuelve el tronco con las cuatro patas. Enrosca la cola bien apretada. Se acurruca en una manta de hojas frescas y verdes. Sin jirafas. Sin abejas. Sin serpientes. Sin pájaros. Solo el cielo, las nubes y el silencio. Perezoso cierra los ojos. Y esta vez, los mantiene cerrados.
Y así, el árbol se llena para pasar la noche. Perezoso duerme en la punta. El pájaro está posado en el medio, por fin callado. La serpiente, enroscada más abajo, sigue gruñona. Y la jirafa, parada al pie del árbol, mira hacia arriba con cara triste. —¿Y yo dónde voy a dormir? —pregunta la jirafa. Nadie responde. No hay voces en el árbol. Todos duermen. Bueno, todos menos las abejas.