¡Quito no está! Nivel 59
Palabras de Práctica
Diéresis: güe, güi — la diéresis (¨) indica que la u se pronuncia después de g.
Magui despierta en su cama. Su gata Quito no está. —¿Quito? ¿Dónde estás? —pregunta Magui. En la almohada solo queda un hueco con forma de gata. Magui oye un golpecito bajo la cama, pero no ve nada.
Magui corre al portón. —¡Quito! —grita hacia arriba del camino—. ¡Quito! —grita hacia abajo. Ningún gato. Entonces oye un miau diminuto atrás. Magui gira de golpe, pero solo ve la cerca.
Magui revisa la maceta azul del patio. Quito duerme la siesta allí todos los días. Hoy la tapa está vacía. —¿Quito? ¿Estás dentro de la maceta?
Magui mira detrás de la maceta. Mira al lado de la maceta. Mira hasta debajo de la maceta. —¡Esto es un desastre! —dice—. ¡Esto es una emergencia! Muy cerca, se oye un ronroneo.
Magui corre atrás de la casa y mete los brazos en el arbusto grande. —Quito, si estás aquí, ¡tienes un problema! Quito no está en el arbusto. Pero Magui queda llena de hojas.
—¡Miau! ¡Otra vez ese sonido! Magui corre al frente de la casa y pone la mano detrás de la oreja, como una detective. ¿Viene de arriba? ¿De abajo? Magui gira y gira, mareada. Y Quito camina por el techo, escondida.
Magui vuelve a su cuarto y mira bajo el armario. —A Quito le gustan los sitios pequeños —dice. En el hueco oscuro hay polvo y un calcetín perdido. Cero gatas. Y arriba del armario, Quito la vigila.
Magui sube a su banquito azul y revisa arriba del armario. Más polvo. Una liga. Un libro de la biblioteca. Ninguna señal de Quito. —Nada arriba. Nada abajo. ¿Qué lugar queda? —pregunta Magui. Abajo, Quito se asoma sin ruido.
Magui revisa el librero. Mira detrás de cada juguete, uno por uno. —Vamos, Quito. Esto ya no tiene gracia. Magui se deja caer en su silla y hunde la cabeza entre las manos.
Un momento. ¡La cama! Magui se agacha y mira debajo otra vez. A Quito le gusta ese sitio oscuro. Hasta guarda sus pelusas de polvo allí. Pero hoy está vacío.
Magui se levanta y piensa. —Busco y busco —dice—. En el patio. En la casa. Arriba, abajo y dentro de un arbusto. Necesito ayuda. Necesito a mamá. ¡Necesito un robot con láser! Magui se da la vuelta hacia su cama. Y entonces lo ve.
Un bulto. Un bulto tibio con forma de gata, bajo la cobija. Magui levanta la esquina. ¡Es Quito! Hecha un ovillo, cómoda, ¡y con los lentes de sol de Magui en la cabeza! Como una estrella de cine. —¡Quito! ¡Estás aquí! ¡Y yo, busca que te busca por toda la casa! —dice Magui, y la abraza. Quito bosteza. Sin vergüenza. Obviamente.