¿Quién atrapa a Codín? Nivel 58
Palabras de Práctica
Combinaciones mb y nv: siempre mb (nunca mv) y siempre nv (nunca nb).
En el fondo del mar frío vive un bacalao. Su nombre es Codín. Codín es el pez más rápido y más astuto de toda la costa. Nadie lo puede atrapar. Nadie.
A Codín le gusta ser así. Si alguien se acerca, agita las aletas verdes y desaparece entre las algas. —Nunca me atrapas —parece decir. Y hasta ahora, también tiene razón.
El mar está ancho y vacío. Ni botes. Ni redes. Ni cañas. Ya nadie intenta atrapar a Codín. Nadie... menos un hombre. Su nombre es Esteban.
Esteban mira el agua desde la orilla. —Voy a atrapar a ese pez —dice—. ¡Y me lo comeré al almuerzo! No tiene caña. No tiene red. Tampoco tiene plan. Pero Esteban tiene confianza. ¡Mucha confianza!
¡Plaf! Esteban se lanza al agua sin pensar, con los brazos estirados. Codín lo ve venir desde lejos. Se mete en un tronco hueco y observa desde la sombra. —Esto va a ser muy fácil —piensa Codín.
Esteban nada hasta el tronco y se asoma. Vacío. Mira a la izquierda. Mira a la derecha. Mira arriba y abajo. El mar profundo lo envuelve, oscuro y silencioso. Codín ya no está.
¡Un momento! Algo verde brilla entre las algas. Esteban se acerca muy despacio. Estira las manos... Codín no tiembla. Solo espera. Y en el último segundo, ¡fium!, se escapa como una barra de jabón mojado.
Esteban lo persigue hasta un banco de arena. Nada. Busca detrás de una roca. Nada. Mira también debajo de unas algas. Solo hay un cangrejo muy confundido. —¡Vuelve acá! —grita Esteban. Pero los peces no escuchan muy bien.
Esteban sale del mar, empapado y sin bacalao. Está muy cansado. —Ese pez es más listo que yo —dice—. Y también más rápido. Baja la mirada. Allí, en la arena, la marea trae algo.
¡Un balde! Esteban lo levanta y sonríe despacio. —Muy bien, Codín —susurra—. Eres más rápido que yo. Eres más astuto que yo. Pero también eres muy curioso. Y este balde es mi nueva herramienta.
Esteban vuelve al mar. Se sienta en el agua y no hace nada. No chapotea. No persigue a nadie. Solo espera con su balde. Un bacalao se acerca. Después otro. Y otro también. Nadan alrededor de sus piernas, curiosos. —Te tengo —susurra Esteban.
¡Zas! Esteban salta con el balde en alto. ¡Adentro hay un bacalao muy sorprendido! —¡Lo tengo! —grita—. ¡Un pez en un balde! Ambos se miran. —Bueno —dice Esteban—. ¿Te gustan las papas fritas?