¿Quién apagó el brillo? Nivel 56
Palabras de Práctica
Repaso de todos los grupos consonánticos en contexto.
¡Es la noche del festival! La fuente y el monumento llenan el cielo de luz dorada. Un niño monta en los hombros de su papá y agita su bandera en la brisa. —¡Es la mejor noche! —grita el niño.
Desde el cielo, el pueblo brilla. Cada casa y cada tienda tiene su luz. Arriba, en el rincón más frío del cielo, la Oscuridad refunfuña. —¡Luces por todas partes! ¡La noche es mía!
La Oscuridad entra en una casa y apaga la luz. Un niño no ve su plato. Estira los brazos y busca su cama. Se esconde bajo la cobija. —¿Quién apagó la luz? —susurra.
La Oscuridad apaga casa tras casa. Una familia cena junto a una sola vela. Dos niños se van a la cama tristes. Hasta el gato está molesto. —Así debe ser la noche —dice la Oscuridad.
Pero la calle todavía brilla. Los faroles y los semáforos alumbran los carros. El tráfico avanza tranquilo. La gente cruza con calma. Un niño mira todo con su perro. La Oscuridad se asoma desde un techo. —¡Ay, no! ¿¡Más luces!?
Clic. La Oscuridad apaga los faroles y los semáforos. ¡Qué drama! Los carros chocan con los autobuses. El tráfico se detiene. La gente tropieza y grita. —¿¡Quién apagó la luz!?
Ahora la Oscuridad ve la feria. ¡Cómo brilla! Los niños giran en el carrusel de caballos. La rueda enorme centellea en el cielo estrellado. Las familias caminan entre puestos de comida y fruta. —¡Eso brilla más que todo el pueblo! —dice la Oscuridad.
Clic. La rueda se detiene. El carrusel se calla. Dos niños sostienen un globo y miran la feria oscura. Sin música. Sin risas. —¿Quién apagó la luz? —pregunta un niño triste.
Sobre el mar queda una sola luz. Es un faro de rayas rojas y blancas. Su luz barre las olas y guía a los barcos. Un niño rema en su bote, tranquilo. La Oscuridad mira el faro desde la orilla. —Esa es la última.
La Oscuridad se traga la luz del faro. Un barco enorme avanza hacia el bote pequeño. El niño sostiene los remos y grita. El faro queda en silencio. Sin señal. Sin aviso. La Oscuridad siente un frío en la panza. —Ay, no —susurra—. ¡Qué error!
La Oscuridad suelta todas las luces de golpe. El pueblo vuelve a brillar. El tren avanza con los faros encendidos. Los carros ruedan seguros. Las casas se ven cálidas por dentro. Pero la Oscuridad se queda sola en el cielo. Se siente muy pequeña.
Entonces cuatro niños salen a jugar. Uno levanta el brazo con su varita de estrella. Otro ríe entre lucecitas. Otro carga una linterna, y otro gira una vara verde. —¡Oye! —dice el niño de la linterna—. ¡Las estrellas no brillan sin ti! La Oscuridad sonríe por primera vez. Ahora entiende: las mejores luces bailan con ella.