¡Qué problema tan grande! Nivel 55
Palabras de Práctica
Grupos consonánticos con r (continuación): pr, tr, tl.
A Alana le encantan los calcetines. Calcetines con lunares, calcetines con rayas, calcetines con vuelitos. Cada domingo los lava, los seca y los acomoda en parejas. —Voy a proteger mis calcetines —dice Alana, y aprieta la pila contra el pecho.
Casi todos sus calcetines viven en una caja grande debajo de la cama. Pero su mejor par tiene su propia cajita, escondida como un secreto. Alana levanta la cajita y se asoma adentro. —Perfectos —dice—. Estos calcetines no tienen precio.
El lunes Alana abre la cajita. ¡Vacía! La voltea y la sacude. Nada. —¡Mis mejores calcetines no están! —grita—. ¡Qué problema tan grande! Se pone la gorra, agarra dos calcetines distintos y pasa con prisa junto a mamá.
Alana cierra los ojos y los imagina. Rosados, con lunares morados y morado en las puntas. Los calcetines más bellos del mundo. —Voy a traer mis calcetines de vuelta —le dice muy seria al cesto de la ropa. El cesto no dice nada. Es un cesto de la ropa.
Alana toma su lupa. Una lupa es cosa de detectives. Su búsqueda sigue un trayecto largo: revisa el sofá y encuentra migas, mira debajo de la mesa y encuentra polvo, hasta levanta la tapa del inodoro. —¡Puaj! No hay calcetines, pero eso Alana no lo va a olvidar.
Alana no se rinde. Los grandes detectives no se rinden. Pronto ve algo en el piso: un retazo de tela. Tela rosada con lunares morados. ¡Es un pedazo de sus calcetines! —Alguien corta mis calcetines en pedazos —susurra Alana.
El rastro de retazos llega hasta el cuarto de costura de mamá. Alana acerca la lupa y mira a través de la ventanita redonda de la puerta. Adentro, mamá cose y tararea una canción. —¿Qué haces ahí, mamá? —susurra Alana.
Alana empuja la puerta. —¡Mamá! ¡Tenemos un problema! ¡Te llevas mis mejores calcetines! Mamá sonríe con calma. —Cariño, esos calcetines están llenos de hoyos. Ya no sirven. —¡No me importan los hoyos! Me importa… —Pero mamá levanta algo, y Alana abre la boca de par en par.
¡Una muñeca! Mamá convierte los calcetines en una muñeca. Tiene el pelo rizado, igual al de Alana. Tiene una gorra, igual a la de Alana. Las puntadas son tan diminutas que parecen un truco de magia. Alana toma la muñeca con las dos manos. —Se parece a mí —dice—. ¡Pero más pequeña!
Alana abraza a mamá con tanta fuerza que mamá casi se cae. —¡Qué trabajo tan bello, mamá! ¡Esto es mejor que todos los calcetines! —Luego levanta la muñeca con ojos enormes—. Espera. ¿Puedes convertir cualquier calcetín viejo en una muñeca? Mamá dice que sí. Alana sonríe. —¿Cuántos calcetines viejos tenemos?
Alana agarra la mano de mamá y la arrastra con prisa por toda la casa. —¡Revisa los cajones! ¡Revisa las cajas! ¡Revisa debajo de todo! Se mete en un armario y sale con un calcetín de rayas.
Los calcetines de papá son tan grandes que mamá hace dos muñecas de cada uno. Alana ayuda con el trabajo, y pronto la cama está llena de personitas de calcetín. —Una para cada amigo —dice Alana, y cuenta con los dedos. Luego se mira los pies y mueve los dedos. —No se pongan cómodos —les dice a sus calcetines—. Ustedes son los próximos.