Puerco Pepe no deja de mirar Nivel 65
Palabras de Práctica
Sustantivos — género (masculino/femenino): terminaciones -o (masc.) y -a (fem.); excepciones.
Puerco Pepe es un cerdo curioso con lentes en la cabeza. Camina con su amigo el Jugador, un niño de gorra verde, y de pronto se detiene tan rápido que casi se le caen los lentes del hocico. —¡Un endermán! —grita Puerco Pepe, y señala directo hacia la cueva oscura—. ¡Ahí mismo! ¿Lo ves? ¡El alto de los ojos brillantes! Se llama Nacho. El Jugador da un paso atrás. Puerco Pepe da un paso adelante.
Esa noche, Puerco Pepe escucha algo fuera de su casa. Sale y ahí está Nacho, parado detrás de la casa como una sombra que se olvidó de irse. Una extraña luz azul sube directo al cielo. Los ojos morados de Nacho arden en la oscuridad. —¿Por qué está tan enojado? —susurra Puerco Pepe. Quiere apartar la mirada. De verdad que quiere. Pero Puerco Pepe no es muy bueno para dejar de mirar las cosas.
—No lo entiendo —dice Puerco Pepe a la mañana siguiente—. ¿Por qué los endermen roban bloques? ¿Adónde se los llevan? ¿Cuál es el sentido? El Jugador se encoge de hombros. —Muy bien —dice Puerco Pepe, y marcha hacia la cueva—. Vamos a entrar.
De cerca, Nacho es todavía más alto. Mucho, mucho más alto. Altísimo. A Puerco Pepe le tiemblan las rodillas, pero seguro que solo es por el frío. —No le mires los ojos —susurra el Jugador desde detrás de una roca. Puerco Pepe se pone de lado, mira fijamente el suelo y se aclara la garganta. —Bueno —dice—. ¿Por qué estás tan enojado, grandote?
Nacho no responde. Ni siquiera parpadea. Solo se agacha, levanta un bloque de pasto como si no pesara nada, lo acomoda bajo uno de sus largos brazos y... ¡fuum! Desaparece. Se desvanece en la oscuridad como una luz que se apaga. —¡Oye! —grita Puerco Pepe—. ¡Te estaba hablando!
Pero entonces Puerco Pepe se queda muy callado. Nacho está ahí otra vez, cerca de la entrada, con un bloque en los brazos. Lo sostiene con tanto cuidado. No como un ladrón. Como un niño con su juguete favorito. —Ay —dice Puerco Pepe en voz baja—. Ay, ay, ay. No están robando. Los endermen quieren construir. Quieren construir con bloques, igual que nosotros. Pero nadie los deja participar nunca.
Y entonces Puerco Pepe comprende lo demás. Hace mucho tiempo, un dragón llega al hogar de los endermen. Un dragón enorme, que oscurece el cielo y bate las alas. Destroza todo lo que los endermen construyen. Cada bloque. Cada muro. Cada hogar. Los endermen gritan. Y nunca dejan de tener miedo.
Puerco Pepe pega el hocico contra la cerca y observa a Nacho, que está solo en el sendero. Chispas moradas titilan a su alrededor como pequeñas estrellas rotas. Puerco Pepe suelta un triste oinc. —Tiene miedo —dice Puerco Pepe en voz baja—. Miedo, igual que yo cuando lo escuché afuera de mi ventana. No grita porque esté enojado. Grita porque quiere que alguien lo deje entrar.