¡Plic, ploc, que no pare! Nivel 55
Palabras de Práctica
Grupos consonánticos con r (continuación): pr, tr, tl.
La primera gota cayó en la nariz de la niña. Luego otra. Y otra. —¡Plic, ploc, que no pare! —gritó la niña. Alzó los brazos y miró al cielo. Las gotas daban cosquillas en su cara. El pasto brillaba. Un ave azul llegó sin prisa. Una rana verde miró desde el pasto. —Ustedes sí saben —dijo la niña—. La lluvia es lo mejor.
La niña corrió a la puerta. El agua bajaba del techo: plaf, ¡plaaf! Caía en el balde grande. —¡La atrapamos! —gritó—. ¡Hasta la última gota! El balde tenía mucho trabajo. Cada plaf era como una fiesta. Si mamá hervía esa agua, tal vez podían tomar un poquito de cielo. ¿Quién podía decir eso?
Adentro, mamá cerró los ojos y tomó su sitar. Eso quería decir una cosa: música de lluvia. Sus dedos bailaban. Su voz iba suave por el cuarto. Afuera, el agua marcaba el ritmo en el techo: tac, tac, taca, tac. —¿Ven? —dijo la niña bajito—. La lluvia también sabe cantar.
En el trayecto de la escuela a casa, la niña apretó su libro y corrió. Ahora sí llovía fuerte. Entonces paró. En el camino había un pavo real con la cola abierta. No corría. No se escondía. Solo decía con su cara: mírenme. —Disculpa —dijo la niña—. ¿No debes ir bajo algo?
Tras un buen baño y con ropa seca, la niña siguió su nariz por el pasillo. Algo rico venía de la cocina. Otro niño salió con los brazos abiertos. —¡La cena!
Y, de pronto, la lluvia paró. La niña salió y miró todo. Ni un plic más. Ni un ploc más. Pero el mundo era otro. Cada hoja tenía una gota. Cada flor tenía una gota fina. La niña tocó una hoja grande. La gota bajó a través de la hoja, lenta y fresca.
Su árbol favorito la esperaba, alto y verde. Las flores rosadas estaban en las ramas como velitas. Con tanta agua, el árbol había crecido mucho. La niña puso la mano en el tronco. El árbol la podía proteger del sol fuerte. Una última gota cayó de una hoja y aterrizó en su nariz.