¡Piedras por todas partes! Nivel 66
Palabras de Práctica
Sustantivos — número (singular/plural): formación del plural con +s tras vocal y +es tras consonante.
Lila tenía un problema. Un problema enorme, cuadrado, de esos que ocupan todo el patio. Había estado minando toda la semana, y ahora había adoquines por todas partes. Había pilas sobre el pasto, pilas junto a la puerta y pilas que Lila ni siquiera recordaba haber apilado. Sus cofres estaban tan llenos que las tapas no cerraban. Cada vez que intentaba meter un bloque más, ¡plop!, tres bloques se caían por el otro lado. —Necesito deshacerme de todas estas piedras —se quejó Lila—, antes de que mi casa desaparezca debajo de ellas.
No había problema. Lila solo tenía que usar el gran contenedor del doctor Sí Se Puede para deshacerse de piedras, como siempre. Pero cuando llegó, la fila se extendía por todo el camino y daba la vuelta a la esquina. Ocho aldeanos. Nueve aldeanos. ¡Diez aldeanos! Y ninguno tenía la menor prisa. El aldeano de adelante tarareaba. La aldeana que estaba detrás de él dormía parada. —Esto es ridículo —murmuró Lila. Miró la fila. Miró su pico. Volvió a mirar la fila—. Olvídalo. Voy a construir mi propio contenedor. ¿Qué tan difícil puede ser?
Lila encontró al doctor Sí Se Puede junto al estanque del jardín y le contó su plan. —¿Quieres construir uno tú misma? —El doctor levantó una poblada ceja blanca y luego sonrió—. Pues... ¿por qué no? —Le entregó un plano y una lista de materiales—. Cubetas, redstone, repetidores... está todo en ese cofre. Pero, Lila, lee el plano con cuidado. Cada pieza importa, y muchas piezas juntas hacen que las máquinas funcionen. —Entendido, entendido, entendido. —Lila ya iba a mitad de camino hacia el cofre. Tomó un brazado de redstone y sonrió de oreja a oreja—. Lo tendré listo antes del almuerzo.
No quedó listo antes del almuerzo. Abajo, en su taller, Lila había acomodado todo sobre plataformas de madera. Los repetidores iban aquí. El redstone iba allá. Las cubetas estaban cerca. Se veía exactamente igual al plano. Más o menos. Probablemente. Lila dio un paso atrás y esperó a que la máquina cobrara vida con un zumbido. No pasó nada. El contenedor necesitaba lava adentro para derretir la piedra, y la cubeta de Lila estaba completamente vacía. Eso significaba un viaje para encontrar un pozo de lava, y el sol ya se estaba ocultando. Lila tomó la cubeta y corrió hacia la puerta.
Lava, recolectada. Lava, vertida adentro. Lila contuvo la respiración y dejó caer un bloque de adoquín. Clonc. El bloque se quedó ahí, sin más. El contenedor seguía sin funcionar. —¡Ay, por favor! —Lila se trepó hasta arriba y miró directo hacia las entrañas de su máquina. Y ahí estaba, tan evidente como un diente que falta. Había un pequeño hueco en el rastro de redstone, justo en medio del circuito. No faltaban cubetas, ni bloques, ni repetidores. Faltaba una sola pieza. Lila casi podía escuchar la voz del doctor Sí Se Puede: —Cada pieza importa.
Un pequeño trozo de polvo de redstone. Eso fue todo lo que hizo falta. El circuito se conectó. El contenedor zumbó. Lila tomó un bloque de adoquín, lo sostuvo sobre la abertura y lo soltó. ¡Fuumf! Desaparecido. Esfumado. Derretido hasta convertirse en nada. Tomó otro bloque. ¡Fuumf! Y otro. ¡Fuumf, fuumf, fuumf! Las piedras entraban una por una, y las pilas empezaron a bajar. —¡Lo hice yo misma! —gritó Lila a absolutamente nadie, porque estaba bajo tierra y completamente sola. Luego se rió, porque, la verdad, esa era la mejor parte.