¡Pastel blanco! Nivel 53
Palabras de Práctica
Grupos consonánticos con l: bl, cl, fl, gl, pl.
Es un amanecer claro. Zomi sale a darles comida a las gallinas y se detiene de golpe. Abre la boca. Pone los ojos como platos. Algo raro pasa en su finca. ¡Algo imposible!
¡Pastel! Pastel por todas partes. Filas y filas de pastel blanco con betún rojo, plantado en la tierra como un cultivo. —Yo no siembro pastel —dice Zomi mientras se rasca la cabeza—. ¿O sí?
Zomi llama a Esquel y a Joaquín. Esquel mira una sola vez y se queja. ——¿Qué clase de broma es esta? ¡Más trabajo para mí! Joaquín mira una sola vez y llora de la risa. Todo el cuerpo le tiembla. Uno está muy molesto. El otro vive la mejor mañana de su vida.
Cada uno come una rebanada en su plato. ¡Qué delicioso! Luego empacan el resto en cajas y lo llevan al pueblo en la carreta. ¡Los aldeanos comen muy felices! En la noche, Zomi piensa que es cosa de una sola vez. Una casualidad muy rara.
No es cosa de una sola vez. En la mañana, la finca está llena de carbón. Bloques de carbón en el pasto. Bloques en los cultivos. Bloques junto a cada poste de la cerca. Zomi murmura en el porche. —Una vez es raro. Dos veces es sospechoso.
Guardan un poco de carbón para el horno. El resto va a las cajas, una vez más. Esquel acarrea muchas cajas sin decir una palabra. Joaquín no ayuda. Llora de la risa en medio del patio. Zomi observa esa sonrisa encendida. Esa sonrisa es la clave. Zomi susurra. —Joaquín, eres tú, ¿verdad?
Esa tarde, Zomi mira fijo a Joaquín junto al cultivo. —¡No soy yo! —dice Joaquín—. ¡Claro que me río! ¡Es que es muy gracioso! Su sonrisa se ve inocente. También se ve culpable. También se ve igual, porque es una calabaza y no puede cambiar la cara.
Muy bien. Zomi tiene un plan muy claro. Se planta junto a la puerta de Joaquín y monta guardia toda la noche. Mira con sospecha cada luciérnaga que pasa. Joaquín no sale. Ni una sola vez. Zomi susurra. —Ya te tengo. Quédate ahí.
¡Huevos! Huevos blancos bajo cada cerca. Huevos en cada camino. Zomi está cansado y confuso. —No es Joaquín —le dice a Esquel—. Yo vigilo su puerta toda la noche. No sale ni una vez. Esquel mira el mar de huevos. —¿Entonces quién?
Joaquín sale feliz por la puerta. —¡Huevos! ¡Esta es la mejor de todas! Echa los huevos en una caja y corre al pueblo como una flecha. Los aldeanos lo reciben felices. Joaquín sonríe tan fuerte que la cara se le podría partir. Bueno, no. Es una calabaza.
Esquel ya no puede más. —Varios días con pastel, carbón y huevos. Nadie arregla la cerca. Nadie cuida el cultivo. ¡Esta finca es un caos por una jugarreta! Toma su arco y su flecha y camina al corral. —Esta noche, yo monto guardia. Y voy a saber quién es.
Joaquín está en su cuarto. Esquel revisa el cuarto dos veces. Pero una cara anaranjada y luminosa aparece en la colina. Y luego una más. Y una más. ¡Ocho cabezas de calabaza encendidas bajan por el campo! Esquel pone una flecha en el arco, lo tensa y susurra. —Ay, no. Hay más como él.