¡No soy un fantasma malo! Nivel 74
Palabras de Práctica
Sinónimos y antónimos: palabras con significado igual u opuesto; ampliación de vocabulario.
Me llamo Pepe y soy el fantasma más amistoso que existe. Ya sé lo que estás pensando. Piel verde. Colmillos. Un bosque oscuro. Pero esta es la verdad: llevo todo el día esperando a que alguien venga a jugar, y nadie se detiene a saludar. Quizá el problema es el bosque. O quizá el problema es el fantasma.
Claro que el problema es el fantasma. Bueno, no este fantasma. ¿Ves a esos tres? El monstruo grande y peludo, el esqueleto huesudo y el fantasma de pelo largo. Su juego favorito es asustar. Se esconden detrás de los árboles, esperan a que pase alguien y entonces... ¡raaargh! La pobre persona casi se cae del susto. A ellos les parece divertido. A mí me parece de muy mala educación.
Subo flotando hasta las copas de los árboles para alejarme de tanto rugido. Y entonces veo algo hermoso. ¡Niños! ¡Jugando en un parque! Corren, ríen, se divierten, justo como yo lo sueño desde hace años. —Les voy a encantar —me digo. Pongo mi sonrisa más grande y bajo volando en picada.
—¡Hola, niños! ¡Soy Pepe! ¿Quieren ser mis amigos? Bajo rebotando por el tronco del árbol, dando tumbos entre las ramas, con mi sonrisa más enorme. Yo pienso que es una entrada genial. A los niños no les parece una entrada genial. Gritan. Corren. Ni siquiera miran hacia atrás. Bueno, uno sí mira hacia atrás, y por eso corre todavía más rápido.
—¡Esperen! ¡Vuelvan! ¡Soy amistoso! ¡Prometo no asustar a nadie! Pero ya se fueron. Hasta un perro pequeño sale disparado con ellos, con las patas girando como ruedas. Me quedo flotando ahí, solo, mirando el polvo del camino. Bueno. Quizá caer de un árbol gritando no es un buen plan. Lo que yo necesito es un disfraz.
Sigo a los niños hasta el mercado y me meto entre un montón de cocos. ¡Camuflaje perfecto! Solo que yo soy el único coco con cara. Un niño pasa justo a mi lado sin mirarme. Demasiado verde. Demasiado raro. Demasiado coco. Hora del plan B. Me inflo y floto hasta un racimo de globos. Rojos, amarillos, azules... y uno verde con sonrisa traviesa. Mucho mejor.
Me acerco a los niños, meciéndome como un globo de lo más normal. —¡Hola! ¿Quién quiere jugar? ¡Solo soy un globo que habla! ¡No tengo nada de fantasma! ¡Los globos hablan todo el tiempo! Los niños se juntan y me miran con ojos de duda. No corren, pero tampoco parecen muy convencidos. Y entonces, desde allá abajo, oigo el peor sonido del mundo. Miau.
¡Un gato! ¡Salta directo hacia mí con las garras afuera! Me muevo a un lado. Me aplasto. Me estiro como un fideo larguísimo. El gato lanza un zarpazo y falla, lanza otro y vuelve a fallar, y al final cae de panza sobre el pasto. Yo pongo la cara más boba que puedo, y el gato se queda ahí sentado, muy confundido. Los niños sueltan una carcajada. —¡No das nada de miedo! —dice uno—. ¡Eres el fantasma más chistoso que hemos visto! ¿Quieres jugar con nosotros?
—¡Pensé que nunca me lo iban a pedir! Giro alrededor de sus cabezas como un trompo. Me inflo enorme y me encojo chiquito. Me pongo morado, después anaranjado y otra vez verde, porque el verde es mi mejor color. Los niños me persiguen colina arriba, muertos de risa. Entonces veo hacia dónde vamos. Una cancha de voleibol. Y los niños tienen una mirada muy traviesa.
—Pepe —dicen—, ¿quieres ser la pelota? Me inflo hasta quedar bien redondo y sonrío. —Cuando ustedes quieran.
Soy la mejor pelota de voleibol del mundo. Intentan sacar conmigo y reboto hacia el otro lado. Intentan golpearme y ¡vuelo entre sus manos! Intentan rematarme, y yo me aplasto hasta quedar plano y paso justo por debajo de la red. —¡Eso no es justo! —grita el otro equipo.
El sol baja y llega la hora de volver a casa. Mis amigos nuevos me dicen adiós con la mano. —¿Mañana a la misma hora? —pregunto. —¡Mañana a la misma hora! —responden—. ¡Y trae tu disfraz de coco! ¡Es malísimo! ¿Y mañana? ¡Mañana voy a ser el BALÓN DE FÚTBOL!