¡No hay lugar para Poqui! Nivel 64
Palabras de Práctica
Repaso de acentuación: clasificación de palabras en agudas, graves y esdrújulas.
Me llamo Poqui y busco una cama. No una cama grande. Solo un rincón seco y tibio para dormir. El sol baja y el aire está frío. Paso junto a un árbol y pienso: esta noche voy a encontrar el mejor lugar de toda la calle.
¡Una caja! Una caja grande de cartón. Me asomo adentro y está llena. Gatos sobre gatos, patas y colas por todos lados. —Esta caja está ocupada —dice Mancha, y empuja con la pata. —¡Aquí no hay lugar! ¡No hay lugar para Poqui! —cantan todos. Bueno. Qué groseros.
No importa. Quizás hay un lugar mejor. Encuentro una fila de botes de basura en el callejón. Levanto la tapa del más cercano y ¡qué sorpresa! Dos ojos amarillos me miran desde adentro.
—¡Este es mi bote! —bufa Tinta. —Pero cabemos los dos —digo—. Hay espacio si corres la cola un poquito. —¡No hay lugar para Poqui! —gruñe Tinta, y cierra la tapa. ¡Pam! Así no es nada fácil encontrar una cama. Y el cielo está más oscuro a cada minuto.
Después empieza a llover. Gotas grandes, gordas y frías caen ¡plaf! Sobre mi cabeza. Me quedo entre las plantas, todo mojado. Ni caja. Ni bote. Ni cama. ¿Puede esta noche ponerse peor?
Sí. Sí que puede. Pero un momento. Allá arriba, cerca del techo, veo un agujero. ¡Un agujero para Poqui! Clavo las garras en la pared y trepo. La lluvia lo pone todo resbaloso y mis patas resbalan. Pero soy un gato ágil. Sigo y sigo, hacia arriba.
¡Lo logro! Me acurruco en la cornisa. No es tibio. No es suave. Pero está seco, y lo seco se siente muy bien. Trato de dormir, pero pienso en los demás. Carey y Mancha en esa caja. Tinta en su bote. Ellos también están allá afuera, bajo la lluvia.
¡Pum! ¡Craac! Un rayo parte el cielo y el trueno hace temblar el techo. Me imagino a Carey, a Mancha y a Tinta junto a la reja, asustados y empapados. —¡Corran! —grito hacia la tormenta—. ¡El próximo rayo puede caer cerca! ¡Busquen un lugar seguro!
El rayo cae y empieza un incendio. Entre el humo y la lluvia veo la caja, que arde, y el bote de basura volcado. Carey, Mancha y Tinta corren por el sendero hacia mí, empapados. —¡Aquí arriba! ¡Rápido! —grito desde la cornisa. La caja ya no está. El bote ya no sirve. Todo lugar sin lugar para Poqui… desaparece.
—¿Poqui? —pregunta Mancha bajo la lluvia—. ¿Podemos subir contigo? Los miro. Una parte de mí quiere decir: no hay lugar para ustedes. Pero les miro la cara, pienso en el frío, y bajo la pata. —Suban. Rápido, antes del próximo relámpago.
Ahora somos cuatro bajo un techito diminuto. El codo de Carey está en mi oreja. La cola de Mancha me llega a la nariz. Tinta casi duerme encima de todos. Pero estamos a salvo. Y casi secos también. Carey me mira. —Perdón, Poqui. Perdón por decir que no hay lugar para ti. —No pasa nada —digo—. Ya pasamos mucho esta noche.
Estamos apretados. Estamos aplastados. Nadie puede mover un bigote sin chocar con una nariz. Es el lugar más lleno de toda la calle. Además, es el más incómodo. ¿Y sabes qué? Hay lugar para todos.