¡No es fácil, Pango! Nivel 61
Palabras de Práctica
Palabras graves/llanas: acento en la penúltima sílaba; llevan tilde si no terminan en n, s o vocal.
Pango la cigarra tiene un problema enorme. Va a dirigir el gran concierto del bosque. Pango toma su batuta y sube a la plataforma de madera, junto al árbol. —No es fácil —dice—. Pero yo puedo. Creo que puedo.
El ensayo es un desastre. Las voces graves cantan agudo. Las voces agudas cantan grave. Una cigarra vuela en círculos. —¿Yo canto grave o agudo? —pregunta. —¡Agudo! —grita Pango, y señala el calendario—. ¡El concierto es en cinco días! ¡Esto está muy difícil!
Pango visita a una cigarra joven y muy callada. Ella canta bajito con su cancionero. —Canta más fuerte —dice Pango, amable—. Todo el bosque te va a escuchar. —¿Y si se ríen? —pregunta la cigarra. —No —dice Pango—. Van a aplaudir. Te lo prometo.
Llega el día del último ensayo. Pango sube al escenario redondo, bajo el árbol de flores rojas. —¡Todos al escenario! —grita. Las cigarras llegan volando. Pango siente el estómago inquieto. Mañana canta el coro para todo el bosque. —¿Estoy listo? —piensa.
El coro abre sus cancioneros azules. Pango levanta la batuta. Y cantan. Las voces graves son graves. Las voces agudas son agudas. Nadie se equivoca. La música flota, dorada, entre los árboles. Pango cierra los ojos y sonríe. ¡Hoy todo es fácil! Tal vez el concierto va a ser maravilloso.
Esa noche, Pango no duerme. Abraza su batuta y mira el techo. Una luciérnaga brilla suave sobre su cama. En la mesa hay una abeja de juguete. —¿Y si me equivoco? —le pregunta Pango. La abeja de juguete no responde. Es un juguete. Pero Pango le habla toda la noche.
Llega la mañana y el cielo está despejado. Insectos de todo el bosque van al claro: escarabajos, orugas, caracoles, mariquitas. —¡El director es joven y nuevo! —dice un escarabajo reluciente. —¿Nuevo? —dice una oruga con bufanda azul—. Ay, ay, ay. Pango escucha todo, escondido. El estómago le da vueltas.
Pango sale al escenario. Ya no se esconde. Es la hora. Respira, levanta la batuta y grita: —¡Una, dos, tres, a cantar! Y el coro canta. Las voces graves retumban. Las voces agudas brillan como el sol. Pango es hábil con la batuta. Todo está perfecto.
Plic, plic, plic. Algo mojado cae en la nariz de Pango. ¡Lluvia! ¡Lluvia en el concierto de la estación seca! —No es posible —dice una cigarra. Pero la lluvia cae y cae. Moja el escenario. Moja los cancioneros. Moja los lentes de Pango. Las voces del coro suenan frágiles.
El público entra en pánico. Los caracoles se esconden. Una mariposa vuela en círculos. Pango mira las nubes. Son delgadas. La lluvia va a pasar pronto. No es fácil, pero Pango abre las alas y vuela sobre todos. —¡Insectos del bosque! —grita. Y cada insecto lo mira.
—¡Esta lluvia ya va a pasar! —grita Pango—. ¡El concierto no se acaba! —¡Que siga el espectáculo! —grita el escarabajo. Los insectos vitorean y abren sombrillas pequeñas. ¡Qué útiles son! Pango vuelve al escenario. —¡Una, dos, tres, a cantar! Y el coro canta más fuerte que nunca.
Suena la última nota. La lluvia cesa y el cielo brilla dorado. El gran árbol se ilumina. El bosque estalla en aplausos. —¡Es el mejor concierto de todos! —dice una cigarra—. ¡Todo un récord! Pango se sonroja y sonríe. —Esperen al próximo año —dice—. Pienso en... ¡máquinas de nieve! Y todo el coro dice a la vez: —¡Ay, no!