¡Nilo quiere verse increíble! Nivel 71
Palabras de Práctica
Pronombres personales: yo, tú, él/ella, nosotros, ustedes, ellos/ellas.
Nilo era un granjero. Él tenía cerdos, vacas, campos llenos de cultivos y una casa de campo que crujía cuando soplaba el viento. Pero Nilo tenía un problema. Un problema grande, importante y muy serio. —Necesito verme INCREÍBLE —le dijo al Libro—. Yo soy granjero, sí, pero los granjeros también podemos tener estilo, ¿sabes?
Nilo había pasado toda la semana haciendo una armadura de cuero en su taller. Él la levantó con orgullo. Luego la sonrisa se le borró de la cara. —Es CAFÉ —dijo—. Café simple, aburrido y feo. Yo parezco una papa llena de lodo. —Tú podrías teñirla —dijo El Libro, hojeando sus propias páginas—. Aunque cuesta un poco de trabajo.
El Libro mandó a Nilo a los campos, donde crecían flores rojas y flores amarillas entre la hierba alta. —Tú recoge un puñado de cada una —dijo El Libro, agitando su pluma como una espadita—. Yo tengo un plan. Nilo agarró un puñado de flores rojas y un puñado de flores amarillas.
De vuelta en el taller, El Libro dio su primera instrucción. —Tritura la rosa roja. Apriétala fuerte. Nilo apretó. Y apretó. Y APRETÓ. Un tinte rojo brillante chorreó entre sus dedos como mermelada.
Nilo se puso la armadura roja y se miró de arriba abajo. Él arrugó la cara. —Parezco un tomate enojado —dijo—. El rojo es demasiado GRITÓN. Todo en mí está chillando AHORA MISMO. —Prueba con la flor amarilla —dijo El Libro—. El rojo es atrevido, pero tú deberías ver lo que puede hacer el amarillo.
Nilo trituró la flor amarilla con un apretón fuerte. Un tinte dorado se extendió por la mesa como mantequilla derretida. —Ooh —dijo El Libro—. Ese sí que es un color dorado precioso. Nilo lo frotó en una armadura nueva. Él trabajó el tinte hasta que cada pedacito de cuero quedó de un amarillo brillante y soleado.
Nilo se puso la armadura amarilla. Se miró hacia abajo. Se miró hacia arriba. Se miró hacia abajo otra vez. —Parezco un plátano —dijo—. Un plátano grande que camina. Con zapatos. —Sí que es bastante brillante —admitió El Libro.
Nilo se desplomó sobre su mesa de trabajo. Una flor roja y una flor amarilla estaban frente a él. Las trituró a las dos, sin siquiera esforzarse mucho. Luego empujó los dos montoncitos hasta juntarlos. El rojo y el amarillo se arremolinaron. Ellos se mezclaron. Un color nuevo y cálido se extendió por el tinte como un amanecer. A Nilo se le abrieron los ojos como platos. —¿Qué. Es. ESO?
Nilo frotó el tinte nuevo en una armadura nueva tan rápido que sus manos se volvieron un borrón. La armadura quedó de un naranja brillante y cálido. Él se la puso, se miró hacia abajo, se miró hacia arriba y dio una vueltecita. —¡ESE es el color! —gritó—. Ni muy gritón, ni muy plátano. El naranja es PERFECTO. —Qué bueno que solo te tomó todo el día —dijo El Libro.
A la mañana siguiente, Nilo empezó a construir. Hizo un soporte de armadura tras otro tras otro. —¿Por qué estás haciendo tantos? —preguntó El Libro. Nilo solo sonrió con una sonrisa misteriosa. Él sacó los soportes afuera uno por uno y los acomodó en una larga fila contra la pared de la casa de campo.
Nilo volvió a los campos. Recogió todas las flores y plantas que pudo encontrar. Luego trituró, mezcló y tiñó todo el día. Armadura roja. Armadura cian. Armadura verde. Armadura amarilla. Armadura morada. Todas relucían en sus soportes. —¡Bienvenido —dijo Nilo, abriendo bien los brazos— al Desfile de Moda de Nilo! El Libro trató de no verse orgulloso. No lo logró.
Esa noche, Nilo marchó hacia la oscuridad con su armadura naranja favorita, blandiendo la espada. Todos los monstruos a kilómetros a la redonda podían verlo llegar. Él brillaba como un atardecer que camina. —¿No es eso un poco... llamativo? —llamó El Libro desde la puerta. Nilo sonrió de oreja a oreja.