¡La suciedad está bien! Nivel 64
Palabras de Práctica
Repaso de acentuación: clasificación de palabras en agudas, graves y esdrújulas.
Esquel quiere mucho su casa de ladrillos. Cada mañana pule el piso, sacude el polvo y alinea sus libros. —Una casa limpia es una casa feliz —dice Esquel. Zomi cruza los brazos y gruñe. —La suciedad está bien.
Joaquín es todavía peor. Esquel le pasa un trapeador. Joaquín lo deja caer. Esquel le pasa un paño. Joaquín también lo deja caer. Joaquín sonríe, muy satisfecho. —Limpiar no es lo mío —dice Joaquín.
Esquel mira la encimera pegajosa. Mira las huellas de barro. Mira las migas sobre la alfombra. Otra vez. Esquel aprieta su escoba muy fuerte. —Está bien —dice—. ¿No quieren limpiar? Así no limpio más para ustedes. ¡Buena suerte!
Zomi y Joaquín ven a Esquel salir por la puerta. Se miran. Miran el patio. —¡Ya no hay que barrer! —dice Joaquín. —¡Ya no hay que fregar! —dice Zomi. Se dejan caer sobre el pasto, relajados. Nada de tareas. La vida es fácil.
El primer día, un calcetín se pega al piso. No pasa nada. El segundo día, algo en la cocina huele muy mal. Después la mugre es tan espesa que los pies dejan huellas. Zomi mira la suciedad en sus zapatos y sonríe. —¡Todavía está bien!
No está bien. El piso pegajoso se vuelve más pegajoso. Después se vuelve crujiente. Formas pequeñas corren en la sombra. Patas diminutas tamborilean en la madera, como una música extraña. ¡Pececillos plateados! Decenas. Se escabullen por la mugre como por un camino.
El estómago de Zomi gruñe. Sobre la encimera queda una rebanada de pastel. ¡Bzzz! Moscas. Una nube espesa de moscas zumba entre Zomi y su almuerzo. Zomi acerca la mano. El enjambre llega primero. —¡Oye! —grita Zomi—. ¡Ese pastel es mío! Pero las moscas son más ágiles.
El sábado, Joaquín por fin recoge la ropa del piso. Algo se mueve debajo. Algo oscuro. Algo con patas. ¡Muchas patas! Las arañas brotan de la grieta de la pared como un río negro y peludo. Joaquín trastabilla hacia atrás y agita los brazos. —¡No, no, no!
Las mascotas ayudan. Saltan. Persiguen. Manotean. Pero por cada bicho que atrapan, aparecen diez más. Pececillos plateados en los estantes. Moscas en la comida. Arañas en los calcetines. Una criatura enorme de color rosa descansa en el centro del piso, muy tranquila. Zomi y Joaquín se miran. —Necesitamos a Esquel aquí.
Esquel está en la puerta, con el arco al hombro y una sonrisa enorme. —Así que la suciedad está bien, ¿no? —dice Esquel. Zomi se mira los zapatos. Joaquín mira el techo. —Yo ayudo —dice Esquel—. Pero desde mañana limpiamos todos. Nada de holgazanear. ¿Trato? Zomi agarra un trapeador. Joaquín agarra un paño. Y esta vez, nadie deja caer nada.