La sombra de Huesos Nivel 58
Palabras de Práctica
Combinaciones mb y nv: siempre mb (nunca mv) y siempre nv (nunca nb).
Esquel le enseña todo a Huesos. Cómo seguir un olor. Cómo quedarse quieto y en silencio. Huesos es un gran perro cazador. Ambos trotan felices por el sendero, y el pañuelo rojo de Huesos ondea en la brisa.
Huesos es valiente para casi todo. Pero las tormentas son otra cosa. Una noche, una tormenta los sorprende lejos de casa. El trueno hace temblar el suelo. Huesos se queda junto a un tronco caído, y todo su cuerpo tiembla.
—Tranquilo, amigo —susurra Esquel—. Es solo ruido. Pero un trueno muy fuerte parte el cielo, y Huesos sale corriendo. Esquel grita su nombre una y otra vez. Huesos ya es solo una sombra que se pierde en la lluvia.
Esquel busca a Huesos durante horas bajo la lluvia. —¡Huesos! ¡Huesos! Nada responde, solo el viento. Muy tarde en la noche, Esquel regresa a casa para descansar. Pero también piensa volver al amanecer.
En casa, el ambiente es triste. Zomi le trae a Esquel un plato de sopa caliente, pero Esquel solo mira hacia la puerta. —Huesos es fuerte —dice Zomi—. Va a encontrar un refugio. —Está asustado y solo —dice Esquel—. Eso es peor.
Zomi mira a su amigo y toma su abrigo. —Tú descansa —dice Zomi—. Yo voy a buscar a Huesos. Zomi abre la puerta y sale. La noche fría lo envuelve. Esquel se queda en la casa cálida y por fin cierra los ojos.
Huesos está perdido en un bosque oscuro. Le ruge el estómago, y avanza entre las hojas buscando comida. Entonces ve tres lobos entre los árboles. El lobo grande lo mira, se da la vuelta y camina hacia la sombra del bosque. Los otros lo siguen. Huesos también los sigue.
Pasan los días. Huesos caza con los lobos entre las hojas doradas. También aprende a correr veloz y en silencio, como ellos. Los lobos nunca lo rascan detrás de las orejas. Pero lo dejan correr con la manada, y a Huesos le basta con eso.
Una mañana, Huesos corre tan veloz que las hojas color ámbar vuelan detrás de él. Su pañuelo rojo se queda en una rama y cae al suelo. Huesos mira hacia atrás. Pero los lobos no usan pañuelo. Huesos sigue corriendo y lo deja en la tierra.
Zomi encuentra a Huesos en un claro del bosque. —¡Huesos! Es hora de volver a casa —dice Zomi, y estira la mano. Pero Huesos se agacha y gruñe. Zomi retira la mano. Ve un gran cambio en Huesos: ahora es salvaje, y no quiere volver a casa.
Zomi corre y le dice a Esquel dónde está Huesos. Esquel entra al bosque solo. No grita su nombre. Solo espera. Huesos se asoma detrás de un árbol, y sus miradas se encuentran. Huesos recuerda la mano que lo rasca, la voz que le habla, el sendero de cada mañana. Extraña tanto a Esquel que le tiembla todo el cuerpo.
Caminan juntos a casa bajo la cálida luz del otoño. Huesos camina tan pegado a Esquel que Esquel tropieza con él. —Está bien, está bien —ríe Esquel—. Yo también te extrañé. Zomi llega con una golosina, y Huesos le lame toda la cara.