La nariz mágica de Tobi Nivel 63
Palabras de Práctica
Palabras esdrújulas: acento en la antepenúltima sílaba; siempre llevan tilde.
La nariz de Tobi se despertó antes que Tobi. Algo era raro. El aire olía frío, limpio y mágico. Tobi saltó de la cama, pegó la nariz a la ventana y dio un grito. ¡Nieve! Copos blancos caían del cielo. Tobi tenía que dar aviso. Ahora. Antes de otro copo.
Tobi halló a Gato junto al farol. Gato era una bola con ronrón suave. —¡Arriba, arriba! —dijo Tobi—. ¡El cielo hace algo! ¡El aire tiene otro olor! Gato abrió un ojo. —Tobi. Está oscuro. Oscuro es dormir. Dormir es no saltar. —¡Pero cae algo del cielo! Gato dio un suspiro. —Bien. Pero si es otra nube, vuelvo a la cama.
Afuera, todo era blanco. Nieve en cada casa. Nieve en cada rama. Nieve en la nariz de Tobi. Cerdo ya estaba allí, con cara feliz. —¡Navidad! —dijo Cerdo—. ¡Luces! ¡Todo! Pero Tobi ya corría. ¡Paf! Un polvo blanco cayó en la cara de Gato. —¡Este es el mejor olor de mi vida! —gritó Tobi.
Tobi hizo rodar una bola de nieve. Luego otra. Luego otra más. Así hizo un muñeco. La cabeza cayó un poco a un lado. Tobi le dio un toque. Cayó más. —Eres perfecto —dijo Tobi. Entonces la nariz de Tobi tembló. Bajo el olor frío llegó algo más. Algo dulce. Algo de jengibre. ¿De dónde venía?
Cerdo estaba bajo el gran árbol. Las luces de Navidad eran rosa, azul, morado y verde. —Gato me dio las luces —dijo Cerdo—. ¿Qué tal? —Bonito —dijo Gato. Luego miró el muñeco de Tobi—. La cabeza está de lado. Es un poco cómico. —¡Oye! —dijo Tobi. Pero su nariz ya iba por otro olor. Dulce. Cerca. Muy, muy rico.
Tobi alzó la nariz y olfateó el aire. Allí estaba otra vez: azúcar, jengibre y algo caliente. La panza de Tobi rugió. Cerdo pegó un salto. —¡Por allá! —dijo Tobi, y señaló la colina—. Mi nariz es una brújula. El olor viene de allá. —Tobi, espera —dijo Gato. Pero Gato casi se reía.
Tobi no esperó. Bajó por la colina de nieve, tras el olor dulce. Al final, en la nieve, brillaba algo cálido. Era una casita de jengibre. Una de verdad. Tenía glaseado en el techo y dulce por las paredes. Tobi abrió la boca. Arriba, Gato y Cerdo miraban. Gato tenía una sonrisa enorme. Gato sabía algo que Tobi no sabía.
Gato abrió los brazos y abrazó a Tobi y a Cerdo. —La hice yo —dijo Gato, con cara pícara—. Ustedes hacían el muñeco y las luces. Yo hacía la sorpresa de Navidad. ¡Feliz Navidad! —¿Tú hiciste eso? —dijo Tobi—. ¡Pero dijiste que no valía salir! Gato alzó los hombros. —Tenía que sacarte de la cama. Necesitaba tiempo para el glaseado. Bajo las luces, Tobi decidió que esa casita era el mejor olor de toda su vida.