La esmeralda mágica Nivel 64
Palabras de Práctica
Repaso de acentuación: clasificación de palabras en agudas, graves y esdrújulas.
Esteban es un minero. Su pico hace clinc, clinc contra el carbón de la cueva oscura. Es un martes como todos. Entonces algo destella verde en la pared. ¡Una esmeralda! Es grande y hermosa, y brilla con una luz rara. —Mejor no la toco —dice Esteban. Pero sus dedos ya la toman. Así es él.
Fsss. Esteban conoce ese sonido. ¡Un creeper! Gira rápido y levanta su escudo. ¡Bum! La explosión lo lanza contra la pared. Después mira la esmeralda. Adentro brilla una llamita verde muy rara. —Eso es nuevo —dice Esteban. Y toda la cueva da vueltas.
Esteban parpadea. Ahora está afuera, sobre la hierba, bajo las estrellas. A su lado hay un letrero de madera que no conoce. Revisa su armadura de diamante. No tiene grietas. Revisa la esmeralda. Sigue brillando, sigue rara. —Muy bien —dice—. Quizás es una esmeralda mágica.
¡Zum! Una flecha pasa junto a su oreja. ¡Un esqueleto! Esteban bloquea dos flechas con su escudo, saca su espada y embiste. Un golpe. Huesos por todas partes. Una esfera verde flota hacia él. —Gracias por eso —dice Esteban. Pero detrás, en la oscuridad, algo más se acerca. Además, tiene muchas patas.
Una araña sale de las sombras, con los ojos rojos. Detrás, otro esqueleto con su flecha lista. Y también un zombi bebé montado en una gallina. Esteban gruñe. —¿En serio? Y corre. Sus botas golpean la hierba. Detrás, la gallina hace cloc, cloc, cloc. Su canción lo persigue.
¡Un río! Esteban se lanza al agua. Los zombis no nadan rápido, y los esqueletos no apuntan bien. Un zombi se queda quieto en la orilla, con los ojos huecos. No lo sigue. Esteban nada hacia lo profundo. Los monstruos se ven cada vez más pequeños. —Hoy no —dice Esteban. Aquí está seguro.
Esteban nada hasta la selva. Hay lianas en cada árbol. Todo es denso y oscuro. Entonces la ve. Una pequeña cabaña de madera, escondida entre los helechos, con su reflejo en el agua quieta. Una cabaña significa una puerta. Una puerta significa que nada puede entrar. Esteban nada hacia ella tan rápido que casi se traga el río.
Esteban cierra la puerta, se deja caer en la cama y se duerme. Por la mañana, el sol entra por la ventana. Come su último pedazo de pan. Entonces ve la esmeralda sobre la cama. La llamita verde sigue bailando adentro. Esa esmeralda es peligrosa: lo transporta lejos y le arroja monstruos encima. Esteban la levanta y sonríe. —Bueno —dice—. ¿Adónde vamos ahora?