¿Hay lugar para Pinto? Nivel 70
Palabras de Práctica
Sufijos: -ción, -mente, -oso/-osa — uso de sufijos para formar sustantivos, adverbios y adjetivos.
Me llamo Pinto y estoy buscando una cama. No una cama elegante. No una cama enorme. Solo un lugarcito seco y tibio donde un gato pueda acurrucarse, respirar tranquilamente y dormir. Es todo lo que necesito: un rinconcito. El sol se hunde detrás de los tejados y el aire empieza a enfriarse. Paso trotando junto a un árbol grande y un arbusto de flores azules, y pienso con emoción: esta noche, Pinto, vas a encontrar el MEJOR lugar para dormir de toda la calle.
¡Una caja! Una caja de cartón grande, hermosa y bastante prometedora, ahí nada más sobre la acera. Me acerco cuidadosamente y me asomo adentro. Está repleta. REPLETA. Gatos encima de gatos encima de gatos. Patas y colas asoman por todos lados. —¿Qué tanto miras, Pinto? —gruñe Carey desde el fondo del montón. —Esta caja está OCUPADA —dice Mancha Gris, empujando una pata contra el borde. —¡No hay lugar! ¡No hay lugar! ¡No hay lugar para Pinto! —cantan todos juntos. Bueno. Tampoco hace falta tanta repetición ni tanta grosería.
No importa. Hay otros lugares. ¡Mejores lugares! Camino con decisión hasta el callejón y encuentro una fila de botes de basura. Son grandes y redondos y, si lo piensas bien, son como camas con paredes. Tal vez no sean lujosos, pero pueden servir. Levanto la tapa del bote más cercano y me llevo una GRAN sorpresa. Dos ojos amarillos parpadean mirándome desde adentro.
—¡Este es MI bote de basura! —bufa Tinta, enseñando los dientes. —Pero cabríamos los dos —digo, asomándome sobre el borde con esperanza—. Mira, hay un montón de espacio si solo corres la cola un poquito hacia el… —¡NO HAY LUGAR PARA PINTO! —gruñe Tinta, y cierra la tapa de golpe. ¡PLAM! Bueno. Van dos lugares perdidos y cero lugares encontrados. Y el cielo se oscurece más rápidamente a cada minuto.
Entonces empieza a llover. No una llovizna ligera. No una lluvia suave. Ah, no. Gotas grandes, gordas y FRÍAS caen ¡PLAF! Justo sobre mi cabeza. Me quedo sentado entre las plantas mojadas, con la boca abierta, empapándome por completo. Ni caja. Ni bote. Ni cama. Y ahora tampoco pelaje seco. La situación se pone lluviosa, pegajosa y muy poco graciosa. ¿Podría esta noche ponerse peor?
SÍ. Sí que podría. Pero ESPERA. Allá arriba, cerca del techo de esa casa, hay un hueco. Un agujero. ¡Un agujero del tamaño de Pinto! Si tan solo logro subir hasta allá… Clavo las garras en la pared y empiezo a trepar. La lluvia lo vuelve todo resbaloso. Mis patas se deslizan. Mis piernas tiemblan. Pero sigo adelante, un estirón a la vez, porque allá arriba ese agujero parece decir: vamos, Pinto. SÍ hay lugar para ti.
¡Lo logré! Me subo a la cornisa y me desplomo, jadeando. No es tibia. No es suave. Pero está SECA, y en este momento lo seco se siente como un palacio. A través de la abertura, veo la lluvia azotando las calles allá abajo. Me acurruco bien apretado y trato de dormir. Pero un pensamiento me sigue molestando. ¿Y los demás? Carey y Mancha Gris en esa caja endeble. Tinta en aquel bote de basura. ¿Estarán bien allá afuera?
¡ZAS! ¡PUM! ¡CRAAAC! Un rayo parte el cielo y el trueno hace temblar el techo bajo mi panza. Me los imagino allá afuera, amontonados junto a la cerca, asustados y empapados. Carey con las orejas aplastadas. Mancha Gris temblando. Tinta sin ningún lugar donde esconderse. La tormenta suena peligrosa. —¡SALGAN DE AHÍ! —grito hacia la tormenta, aunque no puedan oírme—. ¡VAYAN A UN LUGAR SEGURO!
El rayo ha provocado un INCENDIO. Entre el humo y la lluvia, alcanzo a ver la caja ardiendo y el bote de basura volcado de costado. Y allí, corriendo por el sendero hacia mí, empapados y llenos de preocupación, están Carey, Mancha Gris y Tinta. —¡Aquí arriba! ¡RÁPIDO! —los llamo desde la reja. Trepan hacia mí con las orejas hacia atrás y los ojos muy abiertos. ¿La caja que tanto pelearon por conservar? Desaparecida. ¿El bote de basura por el que Tinta gruñó? Desaparecido. Todo aquello que dijeron que no tenía lugar para mí… desaparecido.
—¿Pinto? —dice Mancha Gris, aferrándose al barandal bajo la lluvia torrencial—. ¿Podemos… podemos subir ahí contigo? Los miro. Tres animales empapados que me dijeron que me largara. Una parte de mí quiere decirlo. Ya sabes las palabras. No hay lugar. No hay lugar para USTEDES. Pero miro sus caras y pienso en lo frío y asustado que estaba yo hace apenas una hora. Entonces tomo una decisión. Bajo mi pata amablemente. —Suban. Rápido, antes del próximo relámpago.
Ahora somos cuatro apretujados bajo un techito diminuto. El codo de Carey está en mi oreja. La cola de Mancha Gris me llega a la nariz. Tinta prácticamente está sentado encima de todos. El agua de la inundación gira allá abajo, pero estamos a salvo y secos. Bueno. A salvo y húmedos. —¿Pinto? —susurra Carey—. Perdón por haber dicho que no había lugar para ti. —No te preocupes —digo—. Ya pasamos suficiente esta noche.
Estamos apretados. Estamos aplastados. Estamos tan apiñados que nadie puede mover un bigote sin chocar con la nariz de alguien. Es el lugar para dormir más LLENO, más APRETADO y más INCÓMODO de toda la calle. No es una habitación lujosa, pero sí es una buena protección contra la lluvia. ¿Y sabes qué? Hay lugar para todos.