¡Flores aquí y allá! Nivel 57
Palabras de Práctica
Palabras agudas: acento en la última sílaba; llevan tilde cuando terminan en n, s o vocal.
Nilo mira su caseta. Tiene una puerta, una ventana y también una cama, pero se ve muy vacía. —¿La arreglo con flores? —pregunta Nilo. El Libro, su amigo, flota a su lado.
Nilo agarra su pala de hierro y camina por el prado lleno de flores. —¡Me encanta cavar! —dice Nilo feliz. —Sí —dice El Libro—. Pero tienes que encontrar arena azul, allá en la playa.
En la playa hay algo azul y brillante. Nilo mete la pala. ¡Es blandito! —Esto no es arena —dice Nilo. —Es arcilla —dice El Libro—. Sigue cavando aquí.
De la arcilla brotan bolas azules, redondas y lisas. Nilo las recoge a montones y se llena los bolsillos. —Recoge todas —dice El Libro—. Confía en mí. —¡Ni una se queda atrás! —dice Nilo con una sonrisa.
Después, Nilo mete una bola azul en el horno. El azul se derrite. Lo blando se endurece. ¡Y queda un ladrillo rojo! —¡Qué cambio! ¡Es un ladrillo! —grita Nilo, y lo levanta con orgullo.
El Libro se abre y muestra un dibujo: una maceta con flores. —Haz una maceta con los ladrillos —dice El Libro. —¡Ya entiendo! —Nilo da un brinco—. ¡Arcilla, ladrillos, macetas, flores! ¡Así mi caseta queda hermosa!
Nilo hace dos macetas cafés. Pero adentro de la caseta no hay espacio: solo hay una cama. —Ponlas afuera —dice El Libro. Nilo pone las macetas en el pasto. Se ven muy vacías.
La caseta está en medio de un campo de flores rojas, amarillas y blancas. —¡Aquí hay muchas! —dice Nilo. Algo zumba cerca. Nilo no ve nada. Agarra un puñado de flores y tira.
¡El zumbido crece! Un enjambre de abejas enojadas se alza de las flores. ¡Quieren sus flores de vuelta! Nilo corre y corre. Las abejas van atrás de él. —¡Al menos haces ejercicio! —dice El Libro desde lejos.
Nilo entra a la caseta y cierra la puerta. ¡Pum! Por la ventana, una abeja lo mira. —Jamás corto flores frente a las abejas —jadea Nilo—. Esa idea no es buena. Después, muy lento, Nilo sale otra vez.
Esta vez Nilo es astuto. Camina hasta el otro extremo del campo. Allí no zumba ninguna abeja. Corta flores rojas, azules y moradas, y llena las macetas de color. —¿Tienes una favorita? —pregunta Nilo. —Las azules —responde El Libro.
Nilo pone las macetas en fila junto a la caseta. Ya no se ve vacía. ¡Se ve hermosa! —Pero adentro no hay espacio para nada —dice Nilo. —Quizás puedes construir algo más grande —dice El Libro—. ¡Una casa! —¿Empieza con un viaje a la playa? —pregunta Nilo. —Empieza —responde El Libro— con un viaje a la playa.