¡Ese balde pesa una tonelada! Nivel 60
Palabras de Práctica
Reglas ortográficas de b vs v: criterios para elegir b o v al escribir.
Nilo vive en una casa nueva. Tiene techo, una puerta y un letrero con su nombre. ¡Qué bello es vivir así! Pero hay un problema: Nilo tiene mucha, mucha hambre.
—Solo como manzanas —dice Nilo—. Manzanas y más manzanas. El Libro se acerca con sus patitas y su pluma de escribir. —Yo te enseño a cultivar comida buena —dice—. Pero tienes que hacer todo lo que yo diga.
—Paso uno —dice El Libro—. Arranca el pasto y busca semillas. Nilo arranca mata tras mata. Dos ovejas lo observan sin masticar. Algo verde y pequeño asoma en la tierra. —¿Qué es esto? —pregunta Nilo.
—¡Semillas de trigo! —dice El Libro—. Con trigo vas a obtener comida. —Tengo ocho —dice Nilo—. ¿Es suficiente? —No. Sigue. Y Nilo arranca más y más pasto. El Libro solo mira, sin ayudar en nada.
En el taller, El Libro le muestra un dibujo. —Necesitas un azadón. Es sencillo. Nilo trabaja con voluntad y hace un azadón de piedra. Lo levanta y el brazo se le hunde. —¡Esta cosa pesa mucho!
Afuera, Nilo arrastra el azadón por la tierra. Es difícil. Se atasca en las piedras. Pero poco a poco aparecen surcos largos y lisos. —¡Buen trabajo! —dice El Libro, que no hace nada. —Gracias por la ayuda —resopla Nilo.
Nilo toca la tierra. Se desmorona como arena. —Aquí no crece nada —dice—. Está muy seca. El Libro le advierte: —Las semillas necesitan agua. Hay que regar. Nilo mira el mar, allá lejos. —¿Y cómo hago eso?
—¡Sencillo! —dice El Libro, y muestra el dibujo de un balde. Nilo golpea barras de hierro con su martillo. Las dobla y les da forma. ¡Listo, un balde! —Ahora llénalo de agua —dice El Libro.
Nilo hunde el balde en el agua del mar. Sale muy, muy pesado. —¡Este balde pesa una tonelada! —Nilo se tambalea y casi se cae al agua. Gruñe y protesta, pero carga el balde hasta el campo. ¡Qué difícil es subir con tanto peso!
Nilo cava un hoyo en medio del campo. —Vierte el agua ahí —dice El Libro. Nilo vuelca el balde. Poco a poco, la tierra se pone oscura y húmeda. Parece beber el agua. —¡Funciona! —dice Nilo. Le duelen los brazos, pero sonríe.
Nilo planta sus semillas, una por una, con el pulgar. Pronto asoman brotes verdes muy pequeños. —¡Bienvenido, trigo! —dice Nilo—. ¿Pero cuándo tendré comida? —Falta una cosa más —dice El Libro.
—¿Qué hago? ¿Cargar algo? ¿Cavar otro hoyo? —pregunta Nilo. —No —dice El Libro—. Esperar. El sol y el agua hacen su trabajo. Nilo observa su campo. Después de tanto trabajo, lo más difícil de todo es no hacer nada. Igual que El Libro.