¡Es fácil! Nivel 64
Palabras de Práctica
Repaso de acentuación: clasificación de palabras en agudas, graves y esdrújulas.
Yoyó mira por la reja de alambre. Un niño juega con el balón: rodilla, pie, rodilla, pie. El balón nunca toca el suelo. —Yo también puedo —dice Yoyó, y aprieta su balón—. Es fácil.
Yoyó entra por un hueco de la reja y saluda. El niño sonríe y lanza el balón muy alto. El balón baja en un arco enorme y le pega a Yoyó justo en el pecho. ¡Pum! —¡Ja! —dice Yoyó—. Así se recibe. Fácil. Aunque el pecho le duele un poquito.
Juegan, y el niño es muy rápido. Sus pies vuelan. Además es ágil: pasa a Yoyó una y otra vez. A Yoyó le tiemblan las piernas y le falta el aire. —Todo bien —jadea Yoyó—. Apenas estoy calentando.
Yoyó se detiene y mira. El balón rueda de un pie del niño al otro. Toc, toc, toc. El balón se queda exactamente donde el niño quiere. Yoyó abre la boca de sorpresa. —Está bien —dice bajito—. Quizás es un poquito bueno.
—¡Descanso! —grita Yoyó con las manos en las rodillas—. ¡Por favor! Pero el niño sigue con el balón: baila, esquiva, gira. Ni siquiera levanta la vista. Yoyó intenta robar el balón, pero el niño ya no está. ¡Qué niño tan ágil!
Yoyó patea con toda su fuerza. ¡Crac! El balón vuela por arriba de la cabeza del niño y sale del campo, hacia la calle. Los dos se quedan quietos. —Ups —dice Yoyó. Después el niño señala la calle y corre detrás del balón.
El niño corre a la calle con la vista en el balón. —¡Alto! —grita Yoyó—. ¡Regresa aquí! Una bicicleta viene deprisa, cada vez más cerca. Pero el niño no mira. Solo estira la mano hacia el balón. El corazón de Yoyó golpea fuerte. Yoyó corre.
Yoyó agarra la mano del niño y jala fuerte. Los dos ruedan sobre el pasto justo cuando la bicicleta pasa zumbando muy cerca. Por un momento nadie se mueve. Después el niño mira a Yoyó, abraza su balón y le aprieta la mano. Dos veces.
Los dos se sientan en la colina, junto a la reja. El sol baja despacio y el cielo se pone naranja y dorado. Yoyó respira con alivio. Las manos todavía le tiemblan un poquito. El niño le da un golpecito suave con el hombro. Yoyó también. Con eso basta.
El niño escribe su nombre en la tierra: Fafa. Después mueve las manos en el aire, con dedos rápidos y ágiles. Es su seña. Yoyó lo mira y al fin entiende: Fafa es sordo. Por eso nunca escucha sus gritos. No lo ignora, no lo oye. Yoyó imita la seña despacio. Fafa se ríe y levanta el pulgar.
Yoyó intenta hacer la seña de su nombre, pero los dedos se le enredan. Lo intenta de nuevo. Peor. Entonces se agacha y traza su nombre en la tierra con el dedo, despacio. No es fácil, pero queda claro: Yoyó. Fafa lee el nombre y sonríe con la sonrisa más grande del mundo.
Los dos se acuestan en el campo y miran las nubes en el cielo dorado. Dos niños. Dos balones. Cero palabras. Yoyó sonríe. Hoy viene al campo a jugar y encuentra algo mejor: un amigo. Mañana, decide, va a aprender la seña de ¡descanso!