¡El juguete es mío! Nivel 64
Palabras de Práctica
Repaso de acentuación: clasificación de palabras en agudas, graves y esdrújulas.
—¡Es mío! —grita Darío, y jala el juguete morado con las dos manos. Su hermano Mario jala también, más fuerte. El juguete se estira entre los dos. —¡Yo primero! —dice Darío. Pero ninguno lo suelta.
¡Pum! Los platos caen al piso. Mamá entra muy seria. Señala a Darío y también a Mario. —A la cama. Ahora.
Darío comparte todo con Mario. Además, le arregla las cosas rotas. Da y da y da. Pero desea tener una cosa solo suya. Mira su pequeño tractor, ahí a su lado. Es lo único que Mario no le agarra nunca.
Entonces Darío ve algo en el patio. ¡Un elefante! Un elefante enorme y de verdad. Darío pasa despacio junto a Mamá. Después trepa al lomo del elefante. El elefante levanta la trompa y camina. —¡Agárrate! —se susurra Darío. Y se agarra.
Darío cabalga por la llanura ancha. El viento tibio le toca la cara. Sin peleas. Sin compartir. Solo él y el mundo. Entonces ve una figura bajo un árbol grande. La sonrisa se le va. —¿Mario?
Un elefante furioso corre directo hacia Mario. La tierra tiembla bajo sus patas. Mario corre hacia el árbol. ¡Vuela sobre el pasto! Pero el elefante furioso es más rápido. ¡Mucho más rápido! —¡Corre! —grita Darío.
Mario llega al árbol y trepa rama tras rama. Arriba, muy arriba, se agarra fuerte de la madera. Le tiemblan los brazos. Darío lo mira de lejos, con miedo. Ya no desea estar solo. Ahora solo desea que su hermano esté bien.
—¡Vamos, más rápido! —dice Darío. Su elefante corre a toda velocidad. El viento le sacude la camisa. Darío señala el camino con el brazo. El árbol ya está cerca. —¡Agárrate, Mario! —grita—. ¡Ya voy!
El elefante furioso enrosca la trompa en una rama y jala. La madera se quiebra un poco. Todo el árbol se sacude. Mario se agarra más fuerte. —¡Para! —grita Darío. Quizás la rama se quiebra.
Darío salta a una rama baja y trepa rápido. Estira el brazo. —¡Agárrate de mi mano! Mario baja la mano. Sus dedos se rozan. Casi. No es fácil.
La trompa del elefante furioso se enrosca en la cintura de Darío y lo levanta del árbol. Darío mueve las piernas en el aire. —¡Agárrate! —chilla. Pero esta vez se lo dice a sí mismo. Solo piensa una cosa: que su hermano esté bien.
—¡Darío! ¡Despierta! —dice Mamá, y le toca la cabeza con la mano tibia. Darío parpadea. Su cuarto. Su cobija. Todo es un sueño. Mario está junto a la cama, con ojos suaves. Darío le aprieta la mano. —Mañana puedes jugar con mi tractor —susurra. Mario sonríe. Y por una vez, ninguno de los dos se suelta.