El gran alarde de Miguel Nivel 60
Palabras de Práctica
Reglas ortográficas de b vs v: criterios para elegir b o v al escribir.
Miguel corre veloz por el sendero. Su cachorro Guille va adelante, con las orejas al aire. —¡Ven, Miguel! —grita su amigo Leo—. ¡Tienes que ver esto! Otro amigo hace señas con la mano. Miguel corre más rápido.
Leo alza un barquito rojo muy brillante. —Me lo regala mi papá. ¡Navega en agua de verdad! Miguel abre la boca. Guille se sienta a mirar. Miguel quiere ese barco. Quiere algo mejor que ese barco.
—¡Eso no es nada! —dice Miguel—. Yo tengo las cosas más buenas del mundo en mi cuarto. ¡Mañana las traigo todas! Leo cruza los brazos. El amigo de Miguel lo mira con duda. No le creen. Ni un poquito.
En casa, Miguel mira su caja de juguetes. Una rana de goma. Una pelota vieja. Un juego al que le faltan fichas. Guille observa la caja con esperanza. —Esto es terrible —dice Miguel—. Mañana Leo se va a reír de mí.
Entonces se le ocurre una idea. Miguel alza el puño al aire. —¡Mi familia tiene montones de cosas buenas! Solo las pido prestadas. Guille mueve la cola con alegría.
Primera parada: el jardín del abuelo. El abuelo cultiva las plantas más bellas del pueblo. Miguel agarra la más grande de todas. —Leo nunca ha visto una planta así —dice Miguel. Y corre con la maceta en los brazos.
Después, la canasta de la abuela. Miguel toma lana e hilo de todos los colores. La abuela arregla todo con eso. —Si sirven para arreglar el mundo —dice Miguel—, sirven para impresionar a Leo. Guille toca una hebra de lana con la pata.
En la sala, Miguel ve el juego de mesa favorito de papá. Papá juega con sus amigos y bebe té toda la tarde. —Si a los grandes les gusta tanto —dice Miguel—, debe de ser increíble. Y se mete la caja bajo el brazo.
Lila, la hermana de Miguel, tiene una biblioteca llena de libros. Miguel agarra un montón. El de arriba tiene un zorro en la portada. —¡El mejor cuento del mundo! —dice Miguel. Guille tiene una caja de cartón atascada en la cabeza. Se queda muy quieto.
Última parada: el cuarto de mamá. Miguel se pone labial y un sombrero grande. Unos tacones rojos esperan junto a sus pies. Se observa en el espejo y suelta una carcajada. Guille va envuelto en una bufanda amarilla. Se ven ridículos. Se ven perfectos.
No se ven perfectos. Al otro día, Leo guarda el sombrero en el baúl. El amigo de Miguel mete la planta. Miguel dobla la bufanda amarilla. —Nada de esto es tuyo —dice Leo. Miguel sonríe, pero las mejillas le arden. Leo tiene razón.
Entonces llega un grito. La casa entera vibra. —¿Dónde está mi perfume? —grita la mamá de Miguel desde su tocador. Los tres niños se quedan quietos, quietos. Creen que ya está todo guardado. Pero una cosa se les escapa.
Buscan por todo el cuarto. El amigo de Miguel mira bajo la cama. Leo revisa el armario. No hay nada. —¡Aquí no está! —grita Miguel. Pero en el rincón, Guille pega la nariz al suelo. Olfatea y olfatea. Su cola empieza a moverse.
Guille mete la nariz bajo la silla. ¡Ahí está el frasco de perfume! —¡Sí! —grita Miguel. Alza a Guille, y Guille recibe el abrazo más grande del mundo. Leo y el amigo de Miguel aplauden. —¿Ven? —dice Miguel—. Sí tengo la mejor cosa del mundo. Y esta vez nadie lo discute.