Drama de llama Nivel 60
Palabras de Práctica
Reglas ortográficas de b vs v: criterios para elegir b o v al escribir.
¡Pum, pum, pum! Esquel despierta de golpe en su cama. La pared vibra. Es una música fuerte, muy fuerte, y viene de afuera.
Por la mañana, Esquel sale al campo. Tres llamas están en medio de la granja: una morada, una naranja y una blanca. Brincan y zapatean sobre el pasto. —¡Fuera! —grita Esquel—. ¡Váyanse a casa! Las llamas lo observan. Y siguen bailando.
Esquel infla el pecho huesudo y apunta al horizonte. Les quiere advertir. —¡Una! ¡Dos! ¡Tre…! La llama morada bosteza. La naranja se sienta. La blanca mastica unas zanahorias, muy tranquila.
A la mañana siguiente todo está peor. Las tres llamas invitan a sus amigas. Y esas amigas invitan a más amigas. Las llamas llenan el patio, el camino y el jardín. ¡Y nadie les da la bienvenida! Esquel trata de contarlas. Y se rinde.
—¿Ves todas esas llamas? —pregunta Esquel. Zomi está ocupado. Les sirve comida a los cerdos y vigila a un zombi que muerde la cerca. —Solo son llamas —dice Zomi—. ¿Qué pueden hacer?
Después del almuerzo, Esquel vuelve al campo. Los cultivos casi desaparecen. Las llamas mastican y mastican, tranquilas y felices. Esquel las observa. —Bueno —dice—. Eso sí que es un montón de llamas.
Zomi tiene un plan. Ata unas cuerdas a tres llamas y camina. —Las demás siguen a la líder —dice. ¡Y funciona! Las llamas forman una fila y marchan veloces fuera de la granja.
La granja queda en silencio. Esquel observa las ondas del estanque. Nadie zapatea. Nadie mastica. Todo está bello y tranquilo. —No va a durar —murmura. Una rana croa.
Y no dura. Al día siguiente las llamas vuelven. ¡Todas! Y llegan otras nuevas. Llenan el pasto, se empujan y resoplan de alegría. ¡Quieren vivir en la granja! Es su lugar favorito. Y una llama no olvida su lugar favorito.
—¡Se acabó! —ruge Esquel. Agita los brazos como un molino—. ¡Soy un esqueleto! ¡Doy miedo! Las llamas lo miran. Y entonces escupen. Escupe una. Escupe otra. ¡Escupen todas! Esquel recibe una baba verde y apestosa en la cara. Resbala y se sienta en la baba.
Zomi lo encuentra unos minutos después. —¿Esquel? ¿Eres tú, debajo de todo ese verde? —Ni lo digas —dice Esquel.
Adentro, Zomi prepara una poción tibia y le limpia los huesos a Esquel. —No podemos asustarlas —dice Zomi—. Siempre vuelven. —¿Entonces qué hacemos? —pregunta Esquel. Zomi levanta el frasco brillante y sonríe. —¡Las hacemos útiles! Esquel se acerca. —Te escucho.