¡Debo seguir! Nivel 49
Palabras de Práctica
Repaso de letras espejo: b vs d — discriminación sistemática entre b y d.
Esquel tiene una lista de tareas muy larga. Corta, cava, pone semillas y riega el cereal. Mueve el azadón tan rápido que la tierra vuela. —¡Debo seguir! —dice Esquel—. ¡Sin pausa! ¡Hay mucho por hacer!
El sol baja despacio. El cielo se pone rosado, luego morado, luego oscuro. Esquel mira su banca. Es linda y cómoda. Puede sentarse. Puede cerrar los ojos. Puede descansar sus viejos huesos. Esquel no lo duda ni un poco. —Nah. El descanso no es para mí.
Llega Joaquín, su amigo con cabeza de calabaza. A su lado está Zomi, su amigo verde con espada. Los dos miran a Esquel con alarma. —¿Tú duermes algo? —dice Joaquín. Esquel cuenta con los dedos. Se le acaban los dedos. —Necesitas dormir, sin duda —dice Joaquín.
—No necesito dormir —dice Esquel—. ¡Necesito aventura! Agarra su arco y sus saetas y sale por la puerta. Huesos, su perro, va rápido a su lado y mueve la cola. —¡Vuelvo por la mañana! —dice Esquel—. ¡Con un tesoro bonito!
Buscan por las colinas. Buscan más allá del río. Buscan bajo las estrellas. A Huesos le ruge el estómago. A Esquel le ruge más fuerte. —Nada de pausas —dice Esquel—. Ni comida, ni bebida, ni un poco de sueño. ¡Estamos en racha!
Y vaya racha. Lingotes de oro. Gemas que relucen. Un montón de botín muy alto. Pero el arco le pesa en la mano. Las rodillas le tiemblan. Esquel está doblado de cansancio. —No estoy cansado —dice, y bosteza tan ancho que casi se le cae la mandíbula—. Solo descanso la cara.
Entonces Esquel oye un ruido. Suena como sábanas en una tormenta. Mira hacia arriba. Dos ojos verdes con luz lo miran desde la oscuridad. ¡Un fantasma! Solo viene por los que no quieren dormir. Esquel no es cobarde, pero tiembla.
—¡Corre! —dice Esquel, y es cómico, porque ya corre. Huesos pasa a su lado como un rayo oscuro. Una banda de fantasmas sale de las nubes y ataca desde el aire. Esquel ve la puerta de su casa. Ya casi. Ya casi. ¡Ya casi!
¡Pam! La espada verde de Zomi golpea un fantasma. ¡Zas! Joaquín mueve su hoja de hierro y manda a otro lejos. Joaquín apunta a la puerta. —¡Corre! ¡Entra ya! Por una vez, sin debate, Esquel hace lo que le dicen.
Esquel deja su arco junto a la pared. Guarda su oro en el cofre. No lo cuenta. No lo ordena. Ni lo mira. Se deja caer en su cama y se sube la manta. Esquel sonríe. —¿Sabes qué? Este bendito descanso es mi nueva tarea favorita.