Chozas sin voces Nivel 66
Palabras de Práctica
Sustantivos — número (singular/plural): formación del plural con +s tras vocal y +es tras consonante.
Jugador es el explorador más valiente del mundo entero. Camina por cuevas oscuras. Cruza ríos de noche. Nada lo asusta. Esta noche, bajo la luna llena, ve una aldea. Junto a cada puerta brillan calabazas, y unas luces verdes marcan la calle. Pero todas las chozas están oscuras por dentro. No se oyen voces. No se ve gente. —¿Hola? —dice Jugador. Nadie responde. Ni siquiera un eco.
Toda aldea tiene un gólem, un guardián de hierro que cuida a la gente. Jugador lo encuentra parado en medio de la calle, y siente un nudo en el estómago. El gólem está agrietado de pies a cabeza. Las enredaderas trepan por sus piernas, como si el bosque echara raíces sobre él. Sus ojos están apagados. Esta aldea lleva mucho tiempo abandonada. —No tengo miedo —susurra Jugador. Pero lo dice un poco fuerte, como si necesitara escucharlo.
Algo se mueve entre las chozas. ¡Un gato! Un gato que camina derecho hacia Jugador. Solo que se puede ver a través de él. Las paredes de atrás se asoman por su cuerpo, como si fuera de aire helado. Los gatos normales no son así. Este es Gabi, un gato fantasma con cara de pocos amigos. —Está bien —dice Jugador—. Un gato fantasma. Eso es normal. Totalmente normal. Sigo siendo el explorador más valiente del mundo entero.
Jugador busca en cada choza. Revisa debajo de las mesas y detrás de las puertas. Se asoma a los cofres y a cada rincón. Nada. Nadie. Ni un solo aldeano. Las antorchas todavía arden en las paredes. Las flores todavía crecen en las jardineras de las ventanas. Es como si todos se hubieran ido de repente, en medio de un día cualquiera. ¿Adónde se fue toda la gente?
La lluvia cae con fuerza, sin aviso, y el cielo se pone negro. Entonces Jugador la ve. Una serpiente enorme de ojos verdes y brillantes se alza junto a una choza, alta como una torre de escamas. Es más grande que todo lo que ha enfrentado en su vida. Más grande que todo lo que quiere enfrentar. —Sigo siendo valiente —se dice Jugador. Pero sus piernas ya están retrocediendo solas.
Jugador pasa junto a la serpiente sin hacer ruido... y choca con algo peor. Un aldeano zombi, justo en medio del camino. Sus ojos rojos brillan a través de la lluvia mientras se tambalea hacia él con los brazos estirados. Pero Jugador sigue siendo el explorador más valiente del mundo entero. Saca una flecha de su mochila, la coloca en su arco y apunta. —Lo siento, amigo. Te topaste con el explorador equivocado.
Un disparo limpio. El aldeano zombi cae. Jugador da un puñetazo al aire. —¡Ja! ¿Lo viste? ¡El explorador más valiente del mundo entero gana otra vez! Entonces algo se levanta del cuerpo. Un fantasma. Es Hugo, el fantasma del zombi. Hugo flota hasta la puerta de una choza y mira a Jugador con ojos verdes y furiosos. —¡Ay, no! —grita Jugador—. ¡No se queda abajo!
Jugador da media vuelta y se queda congelado. Aldeanos fantasmas. Docenas, reunidos entre las flores blancas. Al frente flota Olga con su gente, todos con caras serias que no parpadean. Ahora Jugador sabe dónde está la gente de la aldea. Sigue aquí. Solo que ya no está viva. Gabi se sienta a sus pies y lo mira largo rato, como si nunca hubiera visto a alguien tan perdido. —Soy el explorador más valiente del mundo entero —dice Jugador—. Y el explorador más valiente del mundo entero... ¡corre!