¡Cavar es glorioso! Nivel 70
Palabras de Práctica
Sufijos: -ción, -mente, -oso/-osa — uso de sufijos para formar sustantivos, adverbios y adjetivos.
Nilo llega a este mundo nuevo y extraño con un solo deseo: un lugar al que pueda llamar hogar. Con la ayuda de su libro mágico corta árboles, sube la madera por la colina y construye su propio cobertizo. Tiene un estante, una puerta y una vista maravillosa de flores amarillas hasta el horizonte. —Es perfecto —dice Nilo, parado en la entrada, completamente feliz—. Nunca más voy a construir nada.
Dentro del cobertizo, El Libro, su amigo mágico, se eleva desde la mesa de trabajo y abre sus páginas. —Si quieres hacer cosas útiles, vas a tener que cavar —dice. —¿Cavar? —Nilo levanta las manos—. ¿Con estas? ¡Todavía me duelen los nudillos de tanto golpear árboles! —Con las manos no, Nilo —dice El Libro—. Te voy a enseñar a fabricar tu primera herramienta.
El Libro pasa a una página con un dibujo. —Consigue unas tablas de madera y unos palos —dice—. Luego únelos con esta forma. Nilo se arrodilla junto a la mesa de trabajo y acomoda cada pieza con cuidado. Clic. Clic. ¡Clic! Las partes encajan como por arte de magia. Nilo levanta su nueva pala y sonríe. —¡Hice una herramienta! —dice—. Soy un genio. —Seguiste un dibujo —dice El Libro.
Nilo sale al sol con su pala en alto como una bandera. Flores rojas y tulipanes llenan la ladera a su alrededor. Entonces se detiene. Le da vuelta a la pala. La voltea otra vez. La pone al revés. —Entonces… ¿qué punta clavo en la tierra? —Sostienes la parte larga y cavas con la parte plana —responde El Libro. —¡Genial! —dice Nilo—. ¿Y dónde cavo?
Nilo se arrodilla en la playa, hunde la pala en la arena y saca una palada. Un montón enorme de arena sale de golpe y deja un hoyo perfecto a sus pies. Nilo mira el hoyo. Mira la pala. Abre los ojos, lleno de emoción. —Eso —susurra— es lo más glorioso que he hecho en toda mi vida.
El Libro lleva a Nilo a una colina de tierra, no muy lejos del cobertizo. —Intenta cavar en el costado —dice. Nilo no espera ni un segundo. Levanta la pala y cava. Y cava. ¡Y cava! La tierra vuela a la izquierda. La tierra vuela a la derecha. La tierra vuela tan alto que le llueve de vuelta sobre la cabeza. Excava un hoyo tan grande que puede entrar caminando.
Nilo cava más y más hondo, hasta que su pala golpea algo duro. ¡Clanc! Golpea de nuevo. ¡Clanc! La pala rebota sin más. En el fondo del pozo, una piedra dorada brilla con una luz cálida y hermosa. Nilo empuja la pala con todas sus fuerzas. Nada. Ni un rasguño. —Ay, no —dice Nilo tristemente—. ¡Creo que mi pala está rota! —Tu pala está bien, Nilo —dice El Libro desde el borde del hoyo—. Eso es piedra.
Nilo baja hasta el fondo de la excavación. Paredes de piedra café y roja se alzan a su alrededor. El Libro está junto a sus pies. —¿Entonces la pala puede cavar arena y tierra, pero no piedra? —pregunta Nilo. —Precisamente —responde El Libro—. Necesitas otra herramienta. Algo afilado y pesado, capaz de partir la piedra.
De regreso en el cobertizo, El Libro abre sus páginas en un dibujo nuevo. Nilo se acerca y lo mira con atención. —Entonces es… ¿una punta afilada, como dos colmillitos, clavada encima de un palo? —Sí, Nilo. Nilo se arrodilla junto a la mesa de trabajo y se pone manos a la obra. Talla la madera, afila las puntas y encaja cada pieza.
Nilo levanta su nueva herramienta y la admira. Dos puntas afiladas sobre un mango largo. Se ve firme. Se ve seria. —¿Cómo se llama? —pregunta. —Un pico —responde El Libro, flotando cerca de la mesa de trabajo.
Nilo entra otra vez a su túnel en la colina. Levanta su nuevo pico, mira de frente la pared de piedra y respira hondo. —Bueno —dice—. ¡Allá voy! Balancea el pico con todas sus fuerzas. ¡Craaac! El sonido retumba en cada pared. Las grietas salen disparadas desde el golpe como rayos. Pedazos de piedra caen a sus pies. La sonrisa de Nilo se estira de oreja a oreja.
Nilo balancea, parte y machaca hasta excavar toda una cueva. Faroles encendidos iluminan las paredes de roca. Bloques de piedra se amontonan a su alrededor. Nilo se sienta en el suelo, con el pico al costado, respirando fuerte pero completamente satisfecho. —Bien hecho, Nilo —dice El Libro desde la entrada—. Vas a necesitar toda esta piedra. —¿Para qué? —pregunta Nilo. El Libro pasa a una página nueva y la levanta. En ella hay un dibujo de un castillo.