¡Canta, Lalo, canta! Nivel 79
Palabras de Práctica
Oraciones simples, compuestas, principales y secundarias: una cláusula vs varias; principal y subordinada.
Lalo cantaba desde el amanecer, y su voz viajaba por la llanura seca. Repetía la misma canción una y otra vez, a cada arbusto reseco y a cada piedra cubierta de polvo. —¡Manda lluvia! —gritaba Lalo, mientras agitaba su bastón hacia el cielo—. ¡Sé que puedes oírme allá arriba! El cielo no contestó. No sonó ningún trueno, y no cayó ni una sola gota. Aunque su canción nunca había funcionado antes, Lalo siguió caminando con esperanza. Ese día se sentía distinto, porque parecía un día con suerte.
Lalo lo intentó con más fuerza, porque no pensaba rendirse. —¡Vengan, nubes! ¡Ven a mí, lluvia! ¡Gota, gotita y plaf! —cantó, lanzando cada palabra al aire como si tocara la puerta del cielo. Una nubecita diminuta pasó flotando sobre el camino, pero iba en la dirección equivocada. Lalo levantó el bastón y señaló hacia arriba.
Pum. Pum. Pum. Lalo se dio la vuelta, porque algo grande venía por el sendero. Era algo verde, algo sonriente y algo con una cola capaz de derribar un árbol si se movía demasiado rápido. —¡Hola! —dijo Dino, el estegosaurio más grande y más feliz que Lalo había visto en su vida—. Soy Dino. Oí tu canción desde el otro lado de la colina. Es maravillosa. ¿Puedo cantarla yo también?
—¿Quieres ayudarme a llamar a la lluvia? —preguntó Lalo. Lalo sonrió tan ancho que casi se le cayó el sombrero, y luego levantó el bastón como si fuera el director de una banda. —¡Entonces canta, Dino! ¡Canta tan fuerte como puedas!
El cielo parpadeó, y entonces gruñó. Nubes oscuras llegaron rodando desde todas partes, amontonándose unas sobre otras como si llegaran tarde a algún lugar importante. Un rayo partió el cielo de par en par, y la primera gota gorda cayó justo en la punta de la nariz de Lalo. Lalo se quedó quieto un segundo. Luego miró a Dino con una alegría que le llenaba toda la cara.
La lluvia cayó a cántaros. Lalo agarró su sombrero y se puso a bailar, mientras las gotas le corrían por la cara. Dino echó la cabeza hacia atrás y cantó tan fuerte que las nubes seguro lo oyeron dos veces. —¡Lo logramos! —rió Lalo—. ¡Por fin funcionó mi canción! Dino pisoteó un charco gigante.