Cami puede con todo Nivel 55
Palabras de Práctica
Grupos consonánticos con r (continuación): pr, tr, tl.
Mi hermana mayor se llama Cami. Es la persona más genial del mundo entero. Cami se acuesta en una rama alta del árbol, tranquila, como si nada. Yo soy Nico. Yo me agarro de la rama baja y pateo el aire. —¿Cómo trepas así? —le grito desde abajo.
Cami se para sobre la rama y levanta su avión hacia el cielo. —Mira esto —dice—. ¡El mejor vuelo de todos! Yo la miro desde abajo del árbol. Pronto voy a trepar igual que ella, pienso.
El avión sube, sube, gira… y baja a toda prisa. ¡Pum! Choca contra el suelo. La hélice roja se rompe en muchas piezas. Y en medio de los restos está nuestro perro, con cara de sorpresa. ¡Qué problema!
El perro salta y ladra muy fuerte. Yo me agarro de mi rama. Las rodillas me tiemblan. ¿Y Cami? Se recuesta contra el tronco y cruza los brazos. —Calma —dice—. Eso no es problema. Estás entero.
—Necesito madera —dice Cami—. Y pegamento. Y un poco de cuerda. Se arrodilla y escarba la tierra con su palita. Yo me siento a su lado y la miro. Es un trabajo serio. Detrás, el perro salta y jala una soga. Nadie lo detiene. Nunca nadie lo detiene.
En el trayecto de vuelta, Cami le acaricia la cabeza al perro. El perro menea la cola, feliz. Yo me agarro del brazo de Cami. La lengua del perro está mojada y muy cerca de mi cara. —Le caes bien —dice Cami.
Entonces Cami tropieza con una raíz. ¡Esa raíz es una trampa! Cami se cae, y yo me caigo detrás de ella. Rodamos por la tierra y las hojas vuelan. El perro nos mira con cara rara. ¿Y Cami llora? Nada de nada. Ni un poquito.
Cami se levanta de inmediato y recoge el avión roto. Examina el ala rajada. —Podemos arreglar esto —dice—. Madera, pegamento, y pronto queda como nuevo. Yo tengo un rasguño en el codo. Quiero llorar un poco. Pero si Cami no llora, yo tampoco lloro.
Mamá no llega y mi panza ruge como una tormenta. —Yo cocino —dice Cami. Baja un libro de recetas del estante—. La sopa especial de mamá. ¡Fácil! Yo la miro desde la mesa. Cami puede hacer todo, pienso. Trepar árboles, arreglar aviones, cocinar sopa. Seguro puede con un dragón también.
Me trepo al banquito y miro por encima del mostrador. Y veo algo imposible. ¡Cami llora! Lágrimas reales y mojadas le caen por las mejillas. Abro la boca. ¿Mi hermana mayor llora? ¿La persona más genial del mundo?
¡Qué raro! Sacudo la cabeza y me pongo el dedo en el mentón. Cami no llora cuando trepa a la rama más alta. No llora cuando el perro ladra fuerte. ¡No llora ni cuando se cae al suelo! Entonces, ¿qué hace llorar a Cami?
Me acerco sin prisa. Más cerca. Más cerca. Cami me mira, sonríe y levanta media cebolla. —Cebollas —dice—. ¡La cebolla pica! Me río tan fuerte que casi me caigo del banquito. ¡Claro! ¡Es la cebolla! Mi hermana mayor no llora. ¡Mi hermana mayor no llora nunca jamás!