¡Cada mañana falta una calabaza! Nivel 45
Palabras de Práctica
/ɲ/ — Ñ ñ: consonante nasal palatal, exclusiva del alfabeto español.
Zomi cuida su huerto de calabazas con mucho cariño. Cada mañana las riega, les habla y hasta les canta.
¡Las calabazas se hacen enormes! —¡Miren ese tamaño! —dice Zomi feliz—. ¡Voy a hornear pasteles!
Pero una mañana falta una calabaza. Solo queda tierra y una enredadera corta. ¿Quién se la lleva?
Su amigo Joaquín llega con Huesos, su perro pequeño. Huesos olfatea y olfatea. Pero no halla ni una huella. Ni una pista.
Al otro día faltan dos calabazas más. —¡Nadie le roba al dueño de este huerto! —dice Zomi—. ¡Nadie!
De noche, Zomi y Joaquín hablan bajo un farol. —Monto guardia toda la noche —dice Zomi—. ¡Voy a agarrar a ese señor ladrón!
Zomi mira y mira. Pasa una hora. Pasa otra. Le llega el sueño… y Zomi ronca.
Llega la mañana y Zomi despierta. ¡Solo queda una calabaza! —¿Les nacen patas y se van a pasear? —dice Zomi.
Zomi y Joaquín cuidan la calabaza que queda. —Hacemos turnos de guardia —dice Zomi—. Con sus semillas cultivo un huerto nuevo el año que viene.
A la medianoche, la calabaza gira y gira. La tierra se sacude. Huesos ladra. —¡Es una señal! —dice Zomi en voz alta—. ¡Haz algo!
¡Pum! La calabaza salta del suelo. ¡Tiene piernas y cara de luz! —¡Hola! —dice el señor Calabaza—. Me llamo Esquel. Las otras calabazas se van a pasear.
Esquel se queda en la finca. —Este año no hay pastel —dice Zomi—. Pero un amigo nuevo es mejor. De noche, si escuchas, oyes pasos en la oscuridad. Y risa de calabazas.