¡Aquí voy, Alejandra! Nivel 58
Palabras de Práctica
Combinaciones mb y nv: siempre mb (nunca mv) y siempre nv (nunca nb).
—¡Lista o no, aquí voy! Esteban está bajo la sombra de un árbol grande. Mira el campo con cara muy seria. Es el mejor buscador del mundo, o eso dice él. Alejandra está escondida en algún lugar. Esteban la va a encontrar muy rápido.
Alejandra corre veloz por el campo abierto. Pasa junto a las flores, pasa junto al cultivo alto, y sonríe sin parar. Las casas quedan lejos, allá en la distancia. Aquí afuera hay mil escondites. También hay pasto alto y árboles grandes. Solo necesita el escondite perfecto.
Esteban marcha por el pasto alto con pasos grandes. Mira a ambos lados, muy atento. Revisa detrás del roble viejo. Revisa junto a la casa de madera. Revisa bajo una piedra muy pequeña. —No puede esconderse de mí —murmura—. Soy el mejor buscador del mundo.
¡Crac! Una ramita hace crac muy cerca. Esteban se queda quieto. El pasto empieza a temblar junto a sus pies. Algo pequeño se mueve ahí abajo. —¡Ajá! —Esteban salta—. ¡Te atrapo, Ale...!
Es un perro. Un perro blanco y peludo, con la cola en pleno movimiento. El perro ladra, le lame la mano y se va trotando a olfatear una flor. —Tú no eres Alejandra —dice Esteban. Él está molesto. El perro, en cambio, está muy feliz.
Esteban ve algo en el pasto alto, bajo la sombra de un árbol gigante. Dos ojos verdes y brillantes lo miran. —¡Esta vez sí te atrapo, Alejandra! —susurra Esteban. Se agacha y avanza sin ruido. Más cerca, más cerca, más cerca...
Es una gata. Es Gata Malcriada, blanca y negra y gruñona. Mira a Esteban un largo rato y se aleja entre el pasto, sin prisa. —¡Ay, no! —Esteban levanta las manos. El ambiente está tranquilo, con nubes rosadas en el cielo. Esteban no está tranquilo.
Entonces Esteban encuentra un hoyo. Un hoyo grande, profundo y oscuro, justo en medio del campo. Una gallina blanca está parada en el borde, muy calmada. Se asoma a la oscuridad. Esteban también se asoma. —¿Alejandra? ¿Estás ahí abajo? La gallina lo mira. La gallina no es Alejandra.
Pero hay otra gallina atrapada ahí abajo. Está sentada en una repisa de piedra y lo mira muy tranquila. Esteban baja y construye una rampa con tierra y madera. ¡Buen invento! Ahora la gallina puede subir y salir. —Un rescate listo —dice Esteban—. Y cero Alejandras.
Esteban se deja caer en un campo de tulipanes. Rojos. Amarillos. Blancos. Y a él no le importa ni uno. —Ya está. Ella gana. Seguro está en casa, tranquila y feliz. ¡Qué envidia! El mejor buscador del mundo encuentra un perro, una gata, dos gallinas y un hoyo. Pero ninguna Alejandra.
Entonces la ve. ¡Una pierna! Se asoma detrás del árbol grande, justo ahí, entre las flores. Esteban abre los ojos, sorprendido. También abre la boca. ¡Alejandra lleva ahí todo este tiempo!
Esteban avanza sin ruido. Un paso. Dos pasos. Alejandra todavía no lo ve. Entonces, rápido como un gato, estira la mano y... —¡Pum, las traes! —Le toca el hombro. Alejandra gira con la boca abierta y se ríe. Esteban también ríe. —¡Te toca a ti! Y cuidado con el hoyo.