¡Aquí no hay nadie! Nivel 56
Palabras de Práctica
Repaso de todos los grupos consonánticos en contexto.
Soy el Jugador, el explorador más valiente del mundo entero. Cruzo cuevas oscuras. Cruzo ríos de noche. Nada me asusta. Bajo la luna veo una aldea. Las calabazas brillan junto a las puertas, pero todas las chozas están oscuras por dentro. —¿Hola?
En medio de la calle veo al gólem, el guardián de hierro de la aldea. Siento un temblor en el estómago. El gólem está agrietado y triste. Las enredaderas le trepan por las piernas. Sus ojos están apagados. —No tengo miedo —digo. Pero casi lo grito.
Algo se mueve entre las chozas. ¡Un gato! Camina directo hacia mí. ¡Pero su cuerpo es transparente! Es Gabi, un gato fantasma. Un frío me sube por la espalda. —Está bien —digo—. Un gato fantasma es algo... común. Sigo siendo el explorador más valiente del mundo entero.
Busco en cada choza. Miro debajo de las mesas y detrás de las puertas. Nada. Nadie. Las antorchas todavía arden. Las flores todavía crecen en las ventanas. Pero la gente no está. ¿Qué clase de misterio es este? ¿Dónde está todo el mundo?
De golpe, el cielo se vuelve negro y llueve fuerte. El aire está frío. Entonces la veo. Una serpiente enorme de ojos verdes se levanta junto a una choza, alta como una torre. —Sigo siendo valiente —digo. Pero mis piernas retroceden solas.
Me escabullo de la serpiente y choco con otro peligro. ¡Un aldeano zombi en medio del camino! Sus ojos rojos brillan bajo la lluvia. Avanza hacia mí con los brazos abiertos. Pero yo soy el explorador más valiente del mundo entero. Saco una flecha, la coloco en mi arco y apunto. —Lo siento, amigo.
Un disparo limpio. El zombi cae al suelo. —¡Ja! ¡Qué gloria! —digo. Entonces algo se levanta del cuerpo. ¡Es Hugo, el fantasma del zombi! Flota hasta la puerta de una choza y me mira con ojos verdes y furiosos. —¡Ay, no! —grito—. ¡No se queda abajo!
Doy la vuelta y me quedo quieto. ¡Aldeanos fantasmas! Olga y toda su tribu, reunidos entre las flores blancas. Todos me miran serios, sin parpadear. Ahora sé dónde está la gente. ¡Está aquí! Pero ya no está viva. Gabi se sienta a mis pies y me mira. —Soy el explorador más valiente del mundo entero —digo—. ¡Y el más valiente... corre!