¡Algo grande en el mar! Nivel 62
Palabras de Práctica
Palabras graves: práctica para distinguir cuáles llevan tilde y cuáles no.
Mateo estaba bajo la casita de playa. Tocaba su flauta suave, suave. La música iba por la arena, dulce y lenta. Su amiga dormía en su hombro. Pico daba vueltas, muy lento. —Mi música es tan buena que calma todo el mar —dijo Mateo. Y tocó un poco más fuerte.
El suelo dio un golpe. La casita frágil hizo crac, crac. Polvo cayó en el pelo de Mateo. —¿Qué pasa? —gritó Mateo. Los niños se juntaron con ojos grandes. Algo bajo la bahía se movía. Algo muy grande.
Una cola salió del mar. Era morada, con puntas rojas. El agua saltó hasta el cielo. —¡Dragón de Mar! —gritó Mateo—. ¡Es de verdad! Pico bajó rápido para mirar. La cola se movió y Pico rodó en el aire. —¡Pico, no! —chilló Mateo.
Dragón de Mar salió más del agua. No estaba feliz. Sus ojos eran grandes y de oro. Abrió la boca y dio un rugido. Las olas corrieron al pueblo y mojaron cada casa. Mateo miró su flauta. Luego miró a Dragón de Mar. —Ay, no. ¿Fui yo?
Dragón de Mar se acercó. A Mateo le temblaban las manos, pero alzó la flauta. —Si mi música te despertó, mi música puede dormirte —dijo. Mateo tocó, sin presumir. Una nota dulce. Otra nota. Pico pasó ante la boca roja. Dragón de Mar solo miró.
Dragón de Mar fue más lento. Sus ojos se cerraron poco a poco. El mar quedó liso como espejo. Mateo siguió tocando, suave y parejo. La bestia se meció como bebé en cuna. Pico se posó en un cuerno y dio un pío tímido. Dragón de Mar bajó. Abajo, abajo. A dormir.
La playa era un desastre: tablas, botes de lado y peces en la arena. Mateo cargó una tabla. —Muy bien, equipo. Vamos a arreglar lo que rompí. Todos ayudaron. Pico voló arriba y dio órdenes que nadie siguió. —Y tú no tocas la flauta cerca del mar —dijo la niña. Mateo sonrió. —No prometo nada.