¡Algo grande bajo el mar! Nivel 62
Palabras de Práctica
Palabras graves: práctica para distinguir cuáles llevan tilde y cuáles no.
Bamo está sentado bajo la casita de la playa. Toca su flauta en el calor de la tarde. Tocar es fácil para Bamo. Es muy hábil. Las notas flotan por la arena, dulces y lentas. Su amigo se duerme a su lado. La niña de la iguana bosteza. Su amiga Hilda, un pájaro pequeño y azul, se tambalea en el aire. —Mi música puede calmar todo el mar —susurra Bamo. Y toca un poco más fuerte.
El piso retumba. El techo cruje. Le cae polvo en el cabello a Bamo. La casita tiembla tan fuerte que las tejas castañetean como dientes. —¿Qué pasa? —grita Bamo, y suelta su flauta. Los niños se agarran unos a otros. Algo despierta debajo de la bahía. Algo muy grande.
Una cola enorme estalla desde el mar. Escamas moradas con puntas rojas como el fuego. El agua salpica el cielo. —¡Un dragón marino! —grita Bamo. No siente miedo. Está emocionado—. ¡Un dragón de verdad! Hilda baja rápido, muy cerca. La cola da un latigazo e Hilda rueda por el aire. Pero Hilda es ágil. Da la vuelta y mira otra vez.
El dragón sube del agua. Se llama Sami, y no está contento. Sus ojos dorados arden. Abre la boca y suelta un rugido gigante. Sami quiere dormir en lo hondo del mar, con sueños dulces. Es difícil dormir con tanto ruido. Sacude la cabeza, cuernos y todo. Las olas se derraman sobre el pueblo. —Ay, no —susurra Bamo. Mira su flauta. Mira a Sami—. ¿Es mi culpa?
Sami se acerca más. El cielo cambia a un raro color brillante. A Bamo le tiemblan las manos, pero levanta su flauta. —Si mi música te despierta —susurra—, quizá mi música te puede dormir otra vez. No es fácil. Bamo respira hondo y toca. Una nota limpia y dulce, luego otra. Los ojos dorados de Sami se clavan en Bamo. Hilda pasa volando frente a su garganta roja, y Sami ni se mueve.
Sami va más despacio. Sus ojos se cierran poco a poco. Las olas se calman. La bahía queda quieta y lisa como un espejo. Bamo sigue tocando, suave y parejo, y el gran dragón se mece. De un lado a otro, como un bebé en una cuna. Hilda vuela al cuerno de Sami y da un último pío. Sami se hunde despacio bajo las olas. Abajo, abajo, abajo. De vuelta a dormir.
La playa es un desastre. Tablas por todas partes, botes en la arena, peces que saltan lejos del agua. Bamo carga una viga grande. —Muy bien, equipo. Vamos a arreglar lo que rompí. Todos trabajan rápido. Hilda vuela encima, muy animada. —¡Basta de flauta cerca del mar! —dice la niña de la iguana. Bamo sonríe. —No prometo nada.