¿Alguna vez has tenido que buscar una nueva forma de explicarle algo a tu hijo?
Por alguna razón, la forma en que tú lo aprendiste o la manera en que otros niños entienden simplemente no funciona. Es hora de probar algo diferente.

Si te ha pasado, ya sea con lectura, matemáticas, ciencias o cualquier otro tema, seguramente terminaste en Pinterest o algún sitio parecido buscando actividades creativas.
A veces buscas ideas para niños que disfrutan casi cualquier actividad, y otras veces no es tan fácil.

Pinterest y otros sitios pueden ser fuentes increíbles de actividades, pero también pueden resultar abrumadores.
Preparar actividades creativas tiene sus propios retos.
Algunos aparecen al buscar la manualidad perfecta, y otros cuando intentas encontrar la mejor forma de enseñar algo.

Quizás los enlaces te llevan a contenido de pago que no entra en tu presupuesto. Tal vez no te sientes seguro de poder hacer la actividad. O no tienes tiempo para revisar cientos de ideas hasta encontrar la indicada.
Puede que la cantidad de información sea lo que te intimida.

En este artículo te comparto diferentes enfoques para actividades divertidas que te van a quitar el estrés de la búsqueda.
Ya sea para un grupo grande, un niño que necesita ayuda extra o tu propio hijo, estas ideas se pueden adaptar a cualquier caso.

Vamos a ver diez obstáculos que pueden complicar el aprendizaje creativo. No todos van a aplicar a tu caso, pero las ideas te pueden servir para ver las cosas desde otro ángulo.
La creatividad es cuestión de flexibilidad, así que prepárate para ajustar tu enfoque sobre la marcha.
Los desafíos que cubriremos son:


Si no tienes experiencia enseñando o haciendo manualidades, encontrar formas creativas de aprender puede ser difícil de verdad.
Aunque reserves media hora para buscar una forma interesante de explicar algo, puedes terminar sintiendo que no avanzaste nada.
El mejor consejo: entra a ese rato de búsqueda sin esperar salir con la solución perfecta.
Puede ser frustrante, pero la creatividad casi nunca aparece de golpe. Basta con sembrar la idea.
Después de revisar algunas opciones, sigue con tu día o tu semana normal.
Deja que tu cerebro procese todo en segundo plano. Lo más probable es que la idea te llegue cuando estés haciendo algo completamente diferente.

Es verdad, algunas manualidades requieren cosas caras. Pero hay formas de resolverlo.
La primera: busca las opciones más económicas. Hay muchos maestros y padres en la misma situación.
Esto aplica sobre todo si necesitas materiales para un grupo grande, como un salón de clases o una fiesta.
La otra opción es sustituir materiales.
Sí, sería lindo tener algo cubierto de brillantina o que parezca comprado en una juguetería, pero lo que importa es el valor creativo y educativo detrás de la actividad.
Los materiales baratos muchas veces reemplazan bien a los caros, y hasta le pueden dar su propio encanto al proyecto.
Una forma genial de darle un giro a cualquier actividad es reciclar materiales.
A los niños les encanta reutilizar cosas como cartones de leche y huevos porque los ven en un contexto totalmente diferente al que están acostumbrados.
Así, además de lo que quieres enseñar, le agregas un elemento ecológico.

En algunos casos vas a poder sustituir, pero pruébalo antes.
Por ejemplo, yo he probado muchos sustitutos del bórax para hacer slime, y casi nunca funcionan.
Lo mejor en esos casos es modificar la actividad.
Cada vez que veo ideas de manualidades, pienso en cómo podrían cambiar o adaptarse.
Puede ser algo tan simple como hacer un animal diferente al del ejemplo, o rehacer casi toda la actividad usando solo algunos elementos como inspiración.

Sentir que no eres creativo puede ser complicado, sobre todo cuando ves en internet todas las cosas increíbles que hace la gente.
Lo más importante: trata de no decirlo mucho en voz alta, porque tu hijo podría empezar a dudar de su propia creatividad.
Ser creativo puede ser cualquier cosa, desde reorganizar los muebles de tu casa hasta inventar una nueva rutina de ejercicio.
Tendemos a pensar que la creatividad es solo para artistas o profesionales, pero no es así.
Date crédito por las cosas de tu vida donde sí piensas de forma creativa.
Lo último, y probablemente lo más difícil, es simplemente permitirte ser malo en algo.
No estamos acostumbrados a hacer cosas en las que no somos buenos, y dar ese paso puede costar mucho.
Cuando pruebes una manualidad o un experimento de ciencias en casa, no te presiones para que salga perfecto a la primera.
Mucha gente no es “naturalmente buena” en estas cosas y mejora simplemente con la práctica.
Si esto es algo que quieres hacer, date permiso de no ser increíble de inmediato y simplemente experimenta.

Esto puede ser difícil, pero vas a ir mejorando con el tiempo.
No te preocupes demasiado por la teoría. Simplemente elige algo que parezca divertido y atractivo para tu hijo.
A medida que pruebes diferentes actividades, te van a llegar momentos de inspiración: “esto que funcionó aquí también podría servir para otra cosa”.
Por ejemplo, puedes empezar usando tarjetas para un juego de lenguaje o matemáticas, y darte cuenta de que también sirven para juegos de memoria.
Los materiales pueden ser muy versátiles.
Hace poco estaba haciendo una actividad con imanes con mis alumnos, pero terminaron la tarea muy rápido.
Los imanes son emocionantes, así que agarré unos limpiapipas de mi escritorio y un balde de letras magnéticas.
Armamos diademas con los limpiapipas y les colgamos un imán en la frente.
Le pusimos “deletreo de pez abisal” y estuvieron los siguientes veinte minutos deletreando palabras a toda velocidad con las letras magnéticas.
A veces las ideas espontáneas son las mejores.

Si no tienes mucha experiencia enseñando, salirse del libro de tareas puede dar un poco de miedo.
Una buena forma de empezar es tener claro el concepto o la pregunta que les cuesta, y trabajar a partir de ahí.
Por ejemplo, si es un problema de matemáticas con enunciado, puedes usar el mismo contexto pero con números diferentes y enseñarlo de forma física.
Usa objetos que tengas a la mano, o haz que los niños se muevan y actúen las situaciones.
Después de la diversión, revisa si entendieron el concepto.
Muchas veces, hacer algo físico en lugar de solo verlo escrito lo vuelve mucho más fácil de entender.
Además, como usaste números diferentes, luego van a tener que aplicar lo que aprendieron al problema original del libro.

Si tu hijo llega cansado después de un largo día de escuela, o sabe que le espera algo difícil, puede ser complicado que se entusiasme.
Aunque a ti te parezca algo pequeño, recuerda cuánto tienen que aprender y procesar en un día.
Es agotador.
Encontrar el momento adecuado va a ser clave.
Una pequeña recompensa por participar también puede ayudar a que se anime.
Otra buena idea es personalizar la actividad con algo que le encante.
Si de plano no responde, no lo presiones demasiado.
Guarda las cosas e intenta en otro momento. Si no se siente natural y divertido, no vas a lograr mucho.

A veces pruebas una actividad de antemano y sale bien, pero el día de la verdad resulta un fracaso total.
Pero eso es un excelente momento de aprendizaje.
A veces las cosas no salen bien, y la forma en que tú lo manejes va a enseñarle cómo reaccionar cuando algo no le salga como esperaba.
Si no está muy molesto, aprovecha para pensar juntos en por qué no funcionó.
Haz que los errores sean responsabilidad compartida.
Usa palabras como “nosotros” cuando hablen de lo que salió mal. Compartir la responsabilidad hace que los errores sean más fáciles de aceptar.
Después, pueden pensar en qué falló y cómo afectó el resultado.
Lo mejor de equivocarse es entender la causa y el efecto, y pensar en cómo harían las cosas diferente la próxima vez.
Prueba una actividad similar una semana después y apliquen lo aprendido.

Cuando un niño siente que no es bueno en algo, es muy común que diga que la actividad es “tonta” o “aburrida”. Es más fácil decir eso que admitir que quiere hacerla pero siente que no puede.
Así que aunque sea frustrante, recuerda que esa puede ser la verdadera razón.
Si de verdad parece que no le gusta la actividad, conviértelo en un ejercicio de pensamiento crítico.
Pídele que te diga qué partes no le gustan y por qué.
Además de ayudarlo a expresar sus ideas con más detalle, esto te va a servir para adaptar las futuras actividades a cosas que sí disfrute.
Cuesta soltar una idea que te encanta o en la que invertiste mucho tiempo, pero la flexibilidad y un enfoque personalizado es lo que hace que el aprendizaje creativo funcione tan bien.

Por último, siempre existe la posibilidad de que tu hijo no entienda el concepto después de hacer la manualidad o la actividad.
No te desesperes. La actividad tuvo valor y seguramente la vas a retomar más adelante en otro contexto.
No siempre se entiende todo de una vez.
Aunque tu hijo sienta que la actividad no le ayudó a “entenderlo”, puede haber dado pequeños pasos sin darse cuenta.
En la siguiente actividad, va a llevar consigo lo que aprendió en la anterior.
Quizás nunca lo note, pero esa primera actividad fue la que puso las cosas en movimiento.
Para la próxima, asegúrate de probar un enfoque bien diferente.
Si la anterior fue ruidosa y con mucha energía, prueba algo que requiera concentración o pensamiento espacial.
Ve variando hasta que algo haga clic.
Y si tu hijo quiere, déjalo elegir algunas actividades para probar contigo.
Que se sienta dueño de su proceso de aprendizaje es algo muy valioso, especialmente cuando le cuestan ciertos conceptos.
Gracias por leer y mucha suerte con tus enfoques creativos.